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La clave

La Diada y la libertad

Albert Sáez

Mentener unida España a porrazos es una quimera como lograr la independencia de Catalunya sin que voten la mitad de los catalanes

Cientos de miles de ciudadanos catalanes llenarán este martes la Diagonal de Barcelona con motivo de la Diada. Este año su reivindicación será algo diferente. Reclamarán la libertad de los dirigentes políticos que están en la prisión por hacerles caso. Si la semana pasada muchos analistas pusieron en evidencia los errores del Parlament el 6 y 7 de septiembre del 2017, hoy es de justicia poner sobre la mesa los errores de las instituciones del Estado a partir del 1 de octubre del mismo año. Nadie puede discutir la legitimidad de cualquier estado para defender su integridad. Pero ese legítimo derecho, como el del autogobierno, se puede ejercer bien o mal. Fue un error de Rajoy no dar cauce político a una reivindicación política. Y en consecuencia, dejó la respuesta al desafío solo en manos de la policía y de la justicia. La operación Piolín fue un error en toda regla puesto que no logró su objetivo -impedir la realización efectiva del referéndum- y puso a España al borde del ridículo internacional. La herida de los porrazos de la gente tampoco se ha curado. Y si es imposible la independencia sin que la mitad de los catalanes participen en la votación, también lo es mantener unida España a porrazos. Dejando a un lado charlotadas como la 'operación Cataluña' a manos de esa policía patriótica aún por investigar, las actuaciones de la justicia se movieron en muchos momentos máscon la mentalidad del escarmiento que por la de la desactivación de presunto complot. Para la historia de la España negra quedarán para siempre los modos de actuar del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, más propia del TOP que de Estrasburgo, y la aparición de un nuevo juez estrella, Pablo Llarena.

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Para un estado es muy complicado rectificar. Pero estaría bien que los que se pasan el día denunciando la fractura de la sociedad catalana -algunos con la mera voluntad de incentivarla- y los que han puesto en evidencia las miserias independentistas del 6 y 7 de septiembre, ayudaran a crear un clima de opinión favorable a que Pedro Sánchez pueda impulsar las dos medidas que necesita para salir del atolladero: revocar la calificación de rebelión para los encausados y pedir su puesta en libertad hasta la celebración del juicio, como mínimo. Sin estos dos balones de oxígeno, quienes proponen dentro del independentismo remozar el uso de la unilateralidad no lograrán la fuerza que necesitan para imponerse. Grietas internas se han abierto, pero la losa de los presos sepulta los argumentos de los realistas. 

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