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Jimmie Akesson, líder del partido ultranacionalista y xenófobo Demócratas Suecos, en un mitin en Malmoe, el 8 de septiembre del 2018.

EFE / JOHAN NILSSON

Suecia ya no es lo que era

Salvador Martí Puig

Los sectores progresistas tienen que sentarse a pensar seriamente por qué están perdiendo apoyo entre los trabajadores y por qué ya no tienen predicación entre los jóvenes

Este verano, a mediados de julio, un amigo sueco me contó que en Estocolmo hacía un calor bochornoso, por encima de los 30 grados. La conversación tuvo lugar en Salamanca y me juró que hacía más fresco en la ciudad castellana que en la capital sueca. Aunque parecía mentira, era verdad. Los suecos tomaban el sol en sus propias playas y ya no envidiaban las costas mediterráneas.

Pero esta no es la única noticia inverosímil que nos ha llegado desde el país nórdico. Hay otras más aciagas, entre las que destaco tres. La primera se relaciona con la anterior: el calor y el cambio climático supusieron la concatenación de más de 40 incendios forestales que afectaron a muchos de los bosques del centro y sur del país.

La segunda hace referencia a la ola de disturbios acontecidos el pasado mes de agosto en las ciudades de Gotemburgo, Trollhattan y Malmoe, donde jóvenes se enfrentaron a policías en una batalla campal que terminó con destrozos de mobiliario urbano y más de un centenar de coches quemados.

La tercera noticia es política pero igual de inverosímil y, sobre todo, preocupante. Se trata del ascenso de la formación de extrema derecha sueca (Demócratas de Suecia, SD) en las elecciones parlamentarias de este domingo. Hace dos semanas las encuestas le daban algo más del 20% de los sufragios y lo situaban en primera posición, delante del otrora partido hegemónico Partido Socialdemócrata Sueco (PSS) que desde 1914 siempre ha sido el partido más votado y que ha gobernado (en solitario o en coalición) casi un siglo. Ahora mismo, cuándo escribo este artículo parece que las encuestas sitúan al PPS con un 24% y a SD con un 19%, pero de todas formas la emergencia de una derecha nacionalista y xenófoba en Suecia suponen la quiebra de un modelo político que hizo del país un modelo de cohesión social, solidaridad y estabilidad.

¿Cómo se ha podido llegar hasta aquí? En gran medida porque durante la última década la socialdemocracia y su tradicional aliado –el movimiento sindical- ya no tienen la fuerza de antaño entre los trabajadores, que siempre apoyaron a la izquierda en mantener y desarrollar el Estado del bienestar. A raíz de ello ya hace tiempo que la política sueca se articuló en dos bloques: el bloque rojiverde conformado por socialdemócratas, poscomunistas y ecologistas, y el de los "partidos burgueses" (utilizando la expresión sueca) donde se agrupa la derecha liberal y moderada. Pero hoy ha emergido un tercer bloque: el de la derecha xenófoba y nacionalista. 

Con ello se abre la puerta para un cambio radical en el esquema político que ha imperado desde inicios de siglo XX y gana fuerza la idea de una “gran coalición” que gravite sobre el centro, abriendo la puerta a profundas reformas en el Estado de bienestar. Ante ello los sectores progresistas tienen que sentarse a pensar muy seriamente, no solo por qué están perdiendo apoyo entre los trabajadores, sino también que por qué ya no tienen predicación entre los jóvenes.