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La clave

Acordar el desacuerdo

Olga Grau

El Govern y el Estado muestran la voluntad de ponerse de acuerdo en que no ven las cosas de la misma manera y rebajar la tensión, pero los políticos presos y 'exiliados' son la gran cuestión a resolver

Los anglosajones, amantes de la diplomacia, usan matices en el lenguaje para las que el castellano y el catalán no tienen traducción ni comprensión. Una expresión fascinante es 'compromise'. Significa alcanzar un acuerdo tras una negociación en la que las dos partes ceden algo. No tiene nada que ver con el vocablo 'compromiso'.

Otra frase muy utilizada en la política británica es ‘Let's agree to disagree’ que vendría a significar ‘pongámonos de acuerdo en que no estamos de acuerdo’. El matiz va más allá de simplemente tolerar la diferencia, implica no encallarse en lo que bloquea y seguir avanzando con la esperanza de encontrar puntos de afinidad.

Tras la etapa de fuerte conflicto entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, los nuevos actores políticos han suavizado la tensión en un claro giro al estilo anglosajón. Es evidente que las partes están muy alejadas en sus planteamientos, pero se percibe un pacto tácito de no ahondar en el desacuerdo, al menos en público, y de no alimentar la confrontación en temas sensibles: lazos amarillos, cooperación policial, oferta de un nuevo Estatut.

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Si se analizan las entrevistas que este periódico ha realizado al presidente de ERC, Oriol Junqueras, en la cárcel de Lledoners, y al president de la Generalitat, Quim Torra, se percibe la voluntad de suavizar la tensión con la Moncloa, a pesar del lenguaje inflamado de Torra. El president no da plazos ni concreciones para la inexistente hoja de ruta y mantiene una ambigüedad manifiesta sobre cualquier estrategia de desobediencia al Estado.  Junqueras hace hincapié en la necesidad de que el soberanismo gane centralidad para ampliar la base y en evitar el frentismo.

Para los analistas que tienden ver el vaso medio lleno, los mensajes políticos pueden ofrecer una cierta esperanza de avanzar hacia la distensión como primer paso para regresar algún día a la normalidad. Pero ningún intento de pasar de pantalla podrá ser posible con políticos catalanes presos y exiliados. Y eso es precisamente lo que se va a visualizar este año en la Diada. Y sobrelo que no hay hoja ruta.

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