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OTOÑO CALIENTE

El portavoz de ERC, Joan Tardà.

FERRAN SENDRA

Tardà en el marco

José Luis Sastre

Como no hay hechos ni acuerdos ni avances, han quedado las palabras y las fotos, al borde de la propaganda. De ahí que ahora que ha vuelto la actividad todos se apresuren a colocar sus palabras clave, a fijar eso que llaman el marco: quien instale su punto de vista logrará que miremos el curso según su perspectiva. Eso explica la conferencia de Quim Torra (“no renunciamos a nada”), la consulta que propone Pedro Sánchez por el autogobierno de Catalunya y los esfuerzos de Albert Rivera por arrancar los lazos con sus propias manos. También las pegas de Pablo Casado a que, como pretendía Ana Pastor, Torra se explique en el Congreso. Autodeterminación, negociación, inmovilismo. Esos son los marcos. Un año y una crisis de Estado después, estamos en el mismo punto

Antes de que acabara el mes de agosto, Sánchez y Torra ya habían tratado de instalar sus interpretaciones. El president fue a entrevistarse con Puigdemont para señalarnos que el centro de decisión está en Waterloo, no en Barcelona. “No renunciamos a nada”. En aquellos mismos días, mientras giraba por América Latina, el presidente del Gobierno aventuró un pronóstico para que nada de lo que anunciaran Torra o Puigdemont desmontara su discurso de deshielo: viene un otoño caliente, predijo, pero la Generalitat no se saltará la ley. El Gobierno brega por alargar los efectos de la fuente de Machado e incluso presume de vaporosos acuerdos por la neutralidad en las calles, como hizo el ministro del Interior tras la junta de seguridad. Aún hay tiempo para encauzar, propone como marco Pedro Sánchez a la vez que intenta asegurarse con Pablo Iglesias el final de la legislatura, como si dependiera de ellos. En la Moncloa, Iglesias y Sánchez escenificaron que están de acuerdo en muchas cosas, pero en nada lo están tanto como en quitarse las urnas de encima, por mucho que haya en el PSOE quien preferiría aprovechar el tirón del CIS y juntar en mayo las municipales, las autonómicas, las generales y las europeas. Un combo inédito de alto riesgo

Como no hay política, en fin, han quedado los símbolos, que a veces son amarillos y a veces son hojas del calendario. Poco futuro puede esperarse si el propósito es vivir de la efeméride, pero eso era el otoño caliente del que todos hablaban: de la Diada y el primer año del 1 de Octubre al 40 aniversario de la Constitución. Y se lanzan calendarios unos a otros para construir el futuro con fechas que ya pasaron. Algunos cursos nacen póstumos. Se entiende entonces que corran a instalar un marco que les permita vender como éxitos los fracasos que estén por venir y si alguien se atreviera a retratar la realidad más descarnada -pongamos Joan Tardà, cuando habló de las dos mitades de la sociedad catalana- resultaría señalado por los que, se supone, son los suyos, que esas cosas no encajan. En el marco, claro. La estrategia política -antes lo llamaban propaganda a secas- nunca se llevó bien con el principio de realidad. Acaban resucitando aquellas citas usadas y viejas: “Ver lo que se tiene delante exige una lucha constante”. Mucho marco pero muy poca ventana.

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