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IDEAS

Una de las fotos de Saul Leiter en Foto Colectania. 

La intimidad de los extraños

Jordi Puntí

Las fotos de Saul Leiter en Foto Colectania, por sus atmósferas y juegos de colores, son ideales para entrar en el otoño

Hubo un tiempo que el inicio del otoño -es decir, el cambio mental que trae la nueva estación- estaba marcado por cosas tales como el estreno de una nueva película de Woody Allen o un nuevo disco de Van Morrison. Ibas al cine, escuchabas su música, y sabías que aquello tenía sentido. Un mes antes, en pleno agosto, nos habría incomodado como un plato humeante de sopa de tomillo, y en cambio en septiembre ofrecía una calidez privada, como de puertas adentro. Ahora esa gente se ha hecho mayor y ya no son tan puntuales, y nosotros tenemos que buscar otras estrategias para entrar en el otoño. Una alternativa son los cuentos del último libro de Sergi Pàmies, con un título que invita a abrigarse: 'L’art de portar gavardina' (Quaderns Crema). Otro refugio son las fotografías del estadounidense Saul Leiter, que se exponen en la galería Foto Colectania, de Barcelona, y que por sus atmósferas y juegos de colores resultan ideales.

Las fotos de Saul Leiter en Foto Colectania, por sus atmósferas y juegos de colores, son ideales para entrar en el otoño

En realidad, las fotos de Leiter han estado todo el verano en la galería del paseo de Picasso, pero se diría que a partir de ahora -y hasta el 21 de octubre- se corresponden mejor con este tiempo. Leiter, que murió en el 2013 a los 90 años, fotografió toda la vida a la gente de Nueva York, y sobre todo de su barrio, el East Village. “Las cosas misteriosas pasan en los lugares más familiares”, decía. En la Colectania se puede ver una selección amplia de su obra. Entre las imágenes en blanco y negro, desnudos femeninos y escenas de calle: niños que juegan, hombres que fuman, sombras que no sabemos qué hacen.

A principios de los años 50, Leiter empezó a hacer fotos en color, una propuesta en la que asomaba su faceta de pintor. Son fascinantes las combinaciones de colores llamativos -el fulgor de un paraguas rojo contra un fondo nevado-, junto con los encuadres que a primera vista no se entienden. El ángulo desde donde observa a las personas da a las imágenes un aire distante, casi furtivo, que nos acerca la intimidad de los extraños. Es esta intuición a medio revelar, me parece, tan presente en las figuras difuminadas tras un vidrio empañado, que contiene ahora mismo un presagio de otoño. Vayan, vuelvan a él.

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