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LA CLAVE

Uno de los anuncios de pisos colmena distribuidos por Barcelona.

RICARD FADRIQUE

Burbujas

Olga Grau

Cuando se cumplen diez años de la caída de Lehman Brothers, que marcó el inicio de la crisis financiera, produce tristeza y desazón reconocer los mismos errores del pasado en el presente

Vuelve la burbuja del ladrillo. Por más que la nieguen los portales inmobiliarios que la alimentan y los políticos que escurren el bulto de su responsabilidad. En un año los precios de los pisos han subido un 9,3% en Barcelona, un 10,1% en Madrid, y un 6,8% en el conjunto de España. El sector encadena 17 trimestres de subidas continuadas e irracionales en un país en el que los sueldos se han devaluado y todos se han ajustado el cinturón. Hay síntomas que son un déjà vu del 2007. Malas prácticas de vendedores de pisos a la caza de inmuebles vacíos, ofertas increíbles como la de los pisos colmena que descubrió este periódico, colectivos vulnerables que denuncian que no pueden acceder a una vivienda digna.

La burbuja se hincha con el dinero de fondos, inversores extranjeros, firmas de capital riesgo, particulares, vecinos y conocidos. El furor inversor se ha producido porque los precios cayeron a la mitad en el 2012 y a consecuencia del largo periodo en el que los tipos de interés han estado en el 0% en Europa. La lógica clásica del mercado es que cuando el dinero no rinde en el banco, se busca rentabilidad en otro lado y la primera opción es el ladrillo. Si nadie hace nada para evitarlo.

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Y los políticos no han hecho nada en diez años. Fue el ladrillo a crédito el que arrastró a España a la mayor crisis de la historia de la democracia. Y cuando la burbuja estalló, los bancos se quedadon con cientos de miles de pisos de las inmobiliarias quebradas, de las promotoras y de los particulares desahuciados mientras la morosidad se disparaba y se comía sus reservas. Cuando se rescató a la banca con dinero público, un alto directivo de un gran banco español reconoció en privado su sorpresa por el hecho de que los políticos no les hubieran pedido más a cambio. Ellos tenían pisos y suelo. 

Cuando se cumplen diez años de la caída de Lehman Brothers, inicio de la crisis financiera, produce desazón reconocer los mismos errores del pasado en el presente. La vivienda sigue sin considerarse un derecho, tan solo un sector en el que invertir.

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