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Dos miradas

Lo que sí toca (3)

Emma Riverola

Está en nuestras manos la búsqueda de alternativas y plantar cara a los pocos que se enriquecen a costa de nuestra debilidad

A los 50 años se quedó sin trabajo… Que cada uno siga la frase con las historias que conoce o que ha vivido en carne propia. Algunas tienen un final feliz, consiguieron otro empleo o lograron sacar adelante un proyecto profesional propio. La mayoría se quedó anclada en el trabajo precario engrosa las listas del paro de larga duración. También están los que perdieron su capital tras lanzarse a emprender, jaleados por los mismos políticos que antes habían abaratado su despido.

Tiene 30 años. Al fin disfruta de cierta estabilidad laboral. A los 40 se quedará sin empleo… No encontrará otro igual, básicamente, porque su trabajo habrá sido sustituido por robots. Quizá pueda o sepa reciclarse. Hasta quedar de nuevo obsoleto.

El primer grupo no estaba preparado para lo que le ocurrió. El segundo lleva lidiando con la precariedad desde que se incorporó al mercado laboral. Son nuestros padres, nuestros hijos o nosotros mismos. Somos todos. También muchos de los que consideramos adversarios políticos. Incluso los que insultamos.

Nos equivocamos de atención y de esfuerzos cuando no los dedicamos a construir alternativas a un futuro que ya está aquí. Vivimos en una sociedad herida de desigualdad, que ofrecerá cada vez menos protección a los que no puedan adaptarse a las nuevas exigencias. Está en nuestras manos la búsqueda de alternativas, también plantar cara a los pocos que se enriquecen a costa de nuestra debilidad. 

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