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Análisis

Sala de embriones de una clínica de fertilidad.

CARLOS MONTAÑÉS

Reproducción en riesgo

Carme Valls-Llobet

España se ha quedado bastante sola, en cuanto a permisividad y al anonimato, y es por ahora un buen destino

Es un hecho comprobado que desde hace unos 35 años existe una crisis por disminución de la fertilidad en los países desarrollados. Aproximadamente un 17% de las parejas tienen dificultades para concebir, mientras que en los países en vías de desarrollo estos porcentajes no llegan al 8%. Desde el año 1982 ya se empezó a constatar un incremento del número de mujeres que tenían dificultades en quedar embarazadas o para mantener el embarazo, y se ha extendido a la mayoría de los países industrializados. Pero la fertilidad no es problema exclusivo de las mujeres.

Estudios prospectivos realizados en la población general de jóvenes de los países nórdicos europeos, del Báltico, Alemania, España y Japón, muestran que de un 20 a un 40% de los jóvenes tienen un semen cuya calidad y número es considerado por los andrólogos como inferior a los niveles necesarios para una buena fecundidad.

Calidad del semen

Diversos autores como Silberberg y Schmiedel han relacionado estos problemas de calidad del semen, y de alteraciones de la fecundidad de las mujeres, con la exposición a disruptores endocrinos ambientales, que aumentan los estrógenos circulantes, pero dificultan la ovulación. Entre los disruptores asociados con problemas de fertilidad, está el Bisfenol A, los pesticidas, las dioxinas, los bifenilos polibromados y el plomo.

Las dificultades para la reproducción han conllevado la búsqueda individual de nuevas tecnologías reproductivas por parte de la medicina, sin plantearse al mismo tiempo cómo la contaminación ambiental es un riesgo para la reproducción, que necesita políticas públicas adecuadas.

Las dificultades para la procreación han estimulado la necesidad de hijos e hijas propios, o aparentemente propios

Pero las dificultades para la procreación han estimulado también la necesidad de hijos e hijas propios, o aparentemente propios, por parte de las parejas que los desean. Al precio que sea y a poder ser con las mínimas dificultades legales posibles. La malograda psicoanalista Silvia Tubert ya había avisado en sus últimos libros, de la manipulación del cuerpo de las mujeres, en relación con su obligación o deseo de maternidad.

El costo de los procesos de reproducción asistida y los limites legislativos para la donación de óvulos y espermatozoides, en diversos países europeos, han motivado que muchas parejas busquen la solución en nuestro país. La mayoría de los países europeos, como Italia con normativa restrictiva, y Francia que exige ya un registro de donantes de gametos para la reproducción, no hacen fáciles los procesos de reproducción asistida. Además, en Inglaterra, este registro ya no permite el anonimato de los donantes desde hace tiempo, y Portugal decidió, el pasado abril, suprimir el anonimato de los donantes de semen y óvulos, porque mantenerlo puede suponer una violación de los derechos a la identidad personal y al desarrollo de la personalidad de los futuros seres humanos que van a nacer.

España se ha quedado bastante sola, en cuanto a permisividad y al anonimato de los donantes, y es, por lo tanto, por ahora, un buen destino, por lo que no nos puede extrañar que a nivel privado, el 53 % de las mujeres que reciben tratamientos de reproducción asistida en Catalunya sean extranjeras. Sin embargo, ya se está implementando un registro nacional de donantes en España, en el que estarán identificadas todas las donaciones y cada proceso de reproducción y el Comité de Bioética de Catalunya elaboró un documento sobre el derecho a saber los orígenes. La igualdad de derechos, y obligaciones con el resto de Europa, podrá ayudar a poner límites éticos a los procesos de reproducción asistida. 

La autora de este artículo forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras.