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Hábito estival

Una playa de Eivissa.

El tiempo y las vacaciones

Carles Sans

Ante la colosal oferta diaria de actividades que ofrece Eivissa, hago mucho por no hacer nada

Mi madre me decía que el tiempo avanza a la par de la edad de la persona: con más celeridad cuanto mayor te haces. Y tenía razón. Lo que antes parecía un minuto, ahora me parece un segundo. Lo he constatado en las vacaciones que ya termino. Tengo la fortuna de poder descansar muchas semanas seguidas, y cuando inicio la primera pienso en las que me quedan por cumplir. Siento una satisfacción y una tranquilidad interior que con el paso de los días se va alterando al constatar que lo que parecía un largo periodo se va transformando a toda velocidad en muy poco tiempo.

Ahora, a punto de concluir esas semanas que en su inicio me parecían tantas, siento no haberme percatado de su brevedad. Eso me pasa en Eivissa, una isla preciosa que me acoge desde hace muchísimos años y en la que paso los mejores momentos del año, solo comparables con los vividos desde el escenario cuando siento la emocionante conexión con un público que disfruta mientras hago lo que más me gusta: hacer reír.

Aquí en Eivissa hago mucho por no hacer nada. Ante la colosal oferta diaria de actividades que ofrece este lugar, créanme que se necesita mucho empeño para mantenerse contemplativo y con actitud reposada. No me gusta imponerme ninguna rutina que me lleve más allá de algunos sofás entre los que corre una brisa perfecta para leer mucho, anestesiarme en ellos mediante el silencio y el calorcito del mediodía y, eso sí, comer todo aquello que en invierno me prohibo. De este modo, los días pasan sin darme cuenta. Se van marchando los buenos amigos con los que he compartido el tiempo, y me voy quedando solo, como cuando vine.

La isla va recuperando el pulso tranquilo que tanto añoro en pleno agosto. Y es precisamente ahora cuando me quedaría para siempre. Pero no es posible: el tiempo, ese meteoro imparable, me dice que debo volver al trabajo, donde las horas parecen tener menos prisa en pasar. Regreso con la resignada esperanza de que sea tan fugaz como este verano que abandono sin querer. 

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