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Pequeño observatorio

Un pescador repara unas redes.

Hay golpes que van a nuestro favor

Josep Maria Espinàs

Los oficios de verdad eran los antiguos, los que se practicaban con herramientas más bien modestas

Hace mucho tiempo fui a hacer una gestión en una entidad pública. El funcionario, rellenando un papel, me preguntó cuál era mi oficio. Dije "escritor" y se me quedó mirando. Era evidente que pensaba: esto no es un oficio. Yo no tenía ganas de meterme en un problema y añadí: "Abogado". Sí, yo era abogado, pero no ejercía. El funcionario se quedó satisfecho. Desde entonces sé que ser escritor es una rareza no codificable. Aunque sea una actividad que se practique diariamente e, incluso, pueda ser pagada -modestamente, claro-.

Esto me hace pensar que los oficios de verdad eran los antiguos. Los que se practicaban con herramientas más bien modestas. He tenido la suerte de encontrar, en el caos de mi biblioteca, un libro modesto pero seductor para mí, que habla de los oficios que se pierden. Pienso que también puede interesar al lector, porque David Griño recoge algunos oficios que hoy nos sorprenden.

Muchos de estos oficios nos hacen conocer el mundo medieval. Había, por ejemplo, los herradores de caballos. ¿Vemos hoy caballos de carga? ¿Y dónde están los herreros de corte, los cuchilleros y los espaderos? ¿Y los lateros, que trabajaban con láminas de acero? ¿Y los 'mestres d'aixa' y los calafates...? ¿Y los carpinteros de cajas? Los boteros eran importantes, porque construían recipientes de madera destinados a contener vinagres, aceites y otros líquidos. Ni que decir tiene la importancia que tenían los maestros de carros. ¿Y los trenzadores de cuerdas, que eran indispensables para hacer cuerdas resistentes necesarias para la marina de la época?

Hasta nuestro tiempo ha llegado el arte de los alpargateros y los colchoneros. Los buenos colchoneros eran unos apaleadores notables. Y podían ser, sin duda, las personas más pacíficas del mundo. Y ahora, que he vivido tantos años, me doy cuenta de que los golpes no siempre son indeseables. A lo largo de la vida puede ser útil y educativo recibir algún golpe. Algún contratiempo que duele. Pero lo que llamamos adversidad a menudo depende de un punto de vista que puede ser momentáneo. La superación de algunas adversidades puede ser profundamente fortalecedora.
 

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