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Editorial

Un horario más racional

Suprimir el cambio en verano e invierno supone un beneficio para todos, para la conciliación familiar y la salud colectiva

Relojes en una instalación del artista Klaus Rinke en Dusseldorf.

Relojes en una instalación del artista Klaus Rinke en Dusseldorf. / MAJA HITIJ (EFE)

Este 28 de octubre podríamos vivir el último cambio horario (del de verano al de invierno), establecido en parte en Europa en 1974, en la primera crisis del petróleo, y normalizado en el continente a partir de una directiva de 1981 que se ha ido renovando hasta hoy. En el último domingo de marzo del 2019 se establecería de nuevo el horario de verano que ya sería permanente durante todo el año. Todo esto podría ocurrir si, por fin, la Unión Europea decide acabar con una decisión que se impuso en su día como medida para contribuir al ahorro energético y que, en los últimos años, ha recibido críticas por doquier. Donde más se han hecho sentir es en Alemania y es por ello que es en este país donde más participación ha habido en la encuesta promovida por la Comisión Europea que ha dado como resultado que un 80% de los participantes han optado por no cambiar la hora y establecer como fijo el horario de verano. Fruto de la resolución del Parlamento Europeo en este sentido, la consulta celebrada clama por la estabilidad horaria, aunque también es cierto que a pesar de contar con una participación de cinco millones de personas se trata solo de un 1% de la población europea, en gran mayoría alemanes.

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El camino aún es largo, porque ahora se abre un periodo de consultas con agentes sociales y económicos, antes de pasar por el Parlamento y por el Consejo Europeo y de contar con la aprobación de los estados, aunque también es verdad que se trata de un paso adelante reclamado de manera reiterada por expertos y entidades contrarias a un cambio cuyo beneficio energético la misma Comisión considera ahora como “marginal”. En el plato opuesto de la balanza, las voces críticas arguyen el impacto nocivo sobre la salud.

Más allá de la decisión global europea, debe recordarse que España se halla, desde 1940, en un huso horario que no le corresponde. El GMT (o UTC, Tiempo Universal Coordinado a partir de la hora cero en el meridiano de Greenwich) español es de +1 (en verano, +2), cuando la lógica indica que debería adecuarse al horario del Reino Unido o Portugal y no al de la Europa central. Que Vigo tenga el mismo horario que Varsovia pero una hora más con respecto a Oporto es un despropósito a todas luces. Para beneficio de todos, para la conciliación familiar, para la salud colectiva, la racionalización horaria tiene ahora una oportunidad de oro.