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Dos miradas

Lazos amarillos en el barrio de Sants de Barcelona.

EFE / ALEJANDRO GARCÍA

La voluntad de tergiversación con que Ciudadanos aprovecha casos como el de los lazos es un episodio gravísimo

Al menos no está nada claro que la pelea de la Ciutadella fuera causada por la indignación de un ciudadano de pensamiento independentista contra la acción de una ciudadana indignada de pensamiento unionista que quitaba lazos amarillos que otros ciudadanos de pensamiento independentista habían colocado antes en el parque. Fue una pelea, una agresión o como queramos llamarla, con nariz rota o sin ella, pero no se puede afirmar de ninguna manera que fuera la consecuencia de "la deriva peligrosa de la Cataluña supremacista de Torra", como escribió Albert Rivera, o "de una grave fractura social que se vive en Cataluña", como recalcó Inés Arrimadas. Y no solo no han rectificado sino que han convocado, hoy, una manifestación de repulsa por los hechos. Que la realidad (o al menos una duda razonable) no enturbie una buena manifestación de repulsa.


La voluntad de tergiversación con que Ciudadanos  -al frente de una campaña infame- aprovecha casos como este, eso sí, es un episodio gravísimo, con una intencionalidad de descuartizar la convivencia que raya la pornografía. Como ha dicho la misma Arrimadas, "ante estos hechos no podemos mirar hacia otro lado". Efectivamente: ante la mentira (o al menos la apresurada temeridad), ante la manifiesta voluntad de atizar el odio, no podemos ser indiferentes. Lo que cuenta es tratar de convertir el "concepto Ulster" en un hecho, a toda costa. Contemplar este escenario produce espanto.