Ir a contenido

LA CLAVE

Carles Puigdemont y Quim Torra, el pasado julio, en Waterloo.

AFP / NICOLAS MAETERLINCK

El vaso medio lleno

Albert Sáez

El enfado de la crisis ha dejado la politica en manos de los amargados y los ilusionados se han quedado con las riendas de la economía

¿Es posible sentar hoy en la misma mesa en Catalunya, al vicepresidente de la Generalitat, a un directivo de la CEOE, a un ejecutivo de primer nivel del sector bancario y a los máximos dirigentes de la información en la vilipendiada TV-3? Los relatos oficiales dirían que no. Los trols, las cuentas hiperventiladas de Twitter y los cuarteles generales de Junts per Catalunya y de Ciutadans se retroalimentan en la trinchera. Y los comentaristas de la actualidad también se enriquecen día sí y día también escribiendo sus columnas plañideras añorando un mundo que en su día pulverizaron. En medio de tanto desastre, nos queda el refugio de la economía que cuando no se deja envilecer por la política construye la sociedad sobre bases más sólidas.

El último sábado de agosto, un grupo empresarial catalán, Barcelona Export Group (BEG), obró este pequeño milagro de normalidad social en la cena que organizó en un paraje maravilloso del Empordà, Fontanilles. Se trata de un grupo poco conocido que se dedica a impulsar proyectos empresariales en América Latina, especialmente en Colombia. Son incluso tan osados de hacerlo en lugares tan inhóspitos como Medellín, donde las fracturas son heridas en carne viva que justo empiezan a recibir tratamiento, nada de desinfecciones. BEG tiene una filosofía nada supremacista: se trata de que los países emergentes no cometan los mismos errores que los que los expoliaron, sino que cometan otros. Una manera un poco más eficiente de arreglar los problemas que la retirada de estatuas en Barcelona. Llevan cinco años acompañando en este viaje a empresas catalanas del sector inmobiliario y de los servicios públicos. Ahora se lanzan al mercado de las nuevas tecnologías y de la logística. Son intrépidos, valientes, atrevidos. Lejos están de los que se lamen las heridas, de los aprietan pequeños cortes para hacer que sangren artificialmente. Cuesta saber por qué razón el enfado de la crisis ha dado el poder político a los amargados y ha reservado a los ilusionados para la economía. De manera que si les hacemos caso por un día igual vemos el vaso medio lleno.