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Editorial

El aumento de la delincuencia en Ciutat Vella

El deterioro del barrio obliga a planificar una efectiva acción policial que implica una mayor dotación de recursos y agentes

Una pareja de Mossos patrulla por una calle de Barcelona.

Una pareja de Mossos patrulla por una calle de Barcelona. / CARLOS MONTAÑÉS

La alarmante estadística obliga a una acción decidida de los gestores públicos para revertir una situación que ha encendido las alarmas. Las cifras de criminalidad en Ciutat Vella –en el corazón de la capital catalana- y en las zonas de máxima afluencia turística y de ocio nocturno de la fachada litoral son igual de altas que en el trienio negro del 2009 al 2011. Entonces solo un dispositivo conjunto entre Mossos, Guardia Urbana y TMB -en colaboración con la Fiscalía- logró controlar la plaga de carteristas en el metro. 

Si entonces aquel fenómeno delicitivo disparó esa curva, en estos últimos tiempos la delincuencia ha adquirido una cara más poliédrica, con los tirones callejeros, los robos en domicilios y los robos con violencia e intimidación. Y también con la ocupación de pisos en Ciutat Vella ligada a los narcopisos, una de las manifestaciones más sangrantes de la lacra de la drogadicción que también ha vuelto a estallar en el barrio. En definitiva, un cóctel que sufren en primer lugar los vecinos en la zona, y los barceloneses en general, sin olvidar a los visitantes ocasionales, esos turistas que son legión en estos días veraniegos, lo que aumenta en la misma medida las acciones delictivas. Resulta obvio que el problema se convierte en la peor promoción de la ciudad, como ya lo sufrió entre el 2009 y el 2011.

La solución del problema pasa, lógicamente, por una efectiva y continuada acción policial. No hay otro camino, al margen del máximo rigor judicial. No está ocurriendo en estos momentos, y no precisamente por culpa de los agentes del orden. Destinar a los Mossos a la lucha antiterrorista es algo prioritario, con un nivel de amenaza de 4 sobre 5 en Catalunya, pero esa decisión debería ir acompañada, para no descuidar otras áreas de vigilancia, de una mayor dotación de recursos y no de una sobrecarga de trabajo, como han denunciado recientemente los agentes de la policía catalana. Apelar a recortes de la no tan lejana crisis no es hoy argumento si la seguridad ciudadana está en juego. Ampliar su plantilla es inevitable para que la Guardia Urbana no cargue casi en exclusiva con la tarea de la vigilancia del centro de Barcelona. El Ayuntamiento ha destinado a 56 agentes municipales más a Ciutat Vella, pero no parece que sean suficientes para evitar el visible deterioro del barrio. Algo que podría detallar cualquier vecino de la zona.