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Los mandatarios Emmanuel Macron y Justin Trudeau, en un encuentro en Ottawa.

EFE / IAN LANGSDON POOL

Política sexi

Marta Roqueta

Por muy diferentes que puedan parecer los hombres políticos, todos ellos muestran la versatilidad de la masculinidad

Hace un mes, Matteo Salvini sonreía a torso descubierto entre sábanas blancas a los lectores del suplemento 'XL Semanal'. Muchas fueron la personas que consideraron que el posado sexi del ministro del Interior italiano presentaba su xenofobia como la ocurrencia subversiva de un irresistible 'enfant terrible'. "El hombre que se ríe de Europa", rezaba el titular.

El atractivo físico es visto en los políticos hombres como un valor añadido, no como una característica que, se tenga o no, siempre pone al sujeto político bajo sospecha, como sucede con las mujeres. Como resultado, los hombres pueden jugar con él. Al contrario que Salvini, la belleza del primer ministro canadiense Justin Trudeau es el broche a su imagen de hombre para el nuevo siglo, al frente de un gobierno paritario y multirracial. El atractivo rudo del exministro de finanzas griego Yannis Varufakis acrecentaba su leyenda de azote de la 'troika'. En España, tres de los cuatro líderes de los partidos más votados se asemejan en estilo al presidente francés Emmanuel Macron, con su apariencia de joven gestor competente, pero fresco como el protagonista de un anuncio de colonia, listo para tomar las riendas en una Europa tan desgastada como desnortada.

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Conviven con líderes al frente de potencias consolidadas o emergentes que representan una idea más tradicional de patriarca, como el presidente ruso Vladimir Putin -y sus fotos con osos, en submarinos o haciendo kárate- o el chino Xi Jinping. Mucho se ha escrito sobre cómo el ancho pecho del primer ministro indio Narendra Modi, considerado un signo de virilidad, se utilizó durante las elecciones del 2014 como metáfora de su política contundente y eficiente.

Por muy diferentes que puedan parecer los hombres políticos, todos ellos muestran la versatilidad de la masculinidad. Sea acentuando su faceta más tradicional, sea reinventándose, la representación del hombre político intenta satisfacer las inquietudes nacionales del territorio que pretende gobernar.