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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Es magnífica la costumbre de los Papas de cambiarse el nombre cuando son elegidos. Eso nos da una pista de cuáles pueden ser las líneas generales de su papado. Juan Pablo II decidió llamarse así como homenaje a Juan Pablo, que fue Papa solamente 33 días, al fallecer repentinamente el día 28 de septiembre de 1978.

Joseph Ratzinger decidió ser conocido como Benedicto XVI simbolizando así su afecto personal a sus admirados Benedicto XV y San Benito, y el actual Papa Bergoglio eligió Francisco por su admiración a San Francisco de Asís.

Es una lástima que esta tradición papal no haya salido de las paredes del Vaticano, porque podría sernos de mucha utilidad para conocer un poco más a otras personas con autoridad e influencia. Desde aquí, humildemente, propongo que los políticos hagan lo mismo, que se cambien el nombre al llegar al poder. ¿Se lo imaginan? ¿Verdad que sería maravilloso?

De la Casa Blanca al Kremlin

Así, Pedro Sánchez podría haber elegido como nombre de presidente el de José Luis II, homenajeando a Zapatero, o en un ataque de exaltada confianza en sí mismo incluso podría pedirnos a todos que le llamáramos Obama II. No considero descartable esta última posibilidad.

En un ataque de confianza, Sánchez podría pedir que le llamáramos Obama II, y Torra sin duda suplicaría por hacerse llamar Puigdemont

Pablo Iglesias tal vez sueñe con ser llamado Nicolás II si alguna vez llega a la Moncloa, como señal de respeto a su admirado Maduro, pero debido a la connotación zarista de ese nombre probablemente lo haya descartado, fantaseando con el de Hugo II, enviando un guiño a los chavistas.

Quim Torra, sin duda, habría suplicado que le llamáramos Puigdemont II. Cuando él deje de ser el 'president' de la Generalitat, el siguiente que tome el relevo podría ser Puigdemont III, y luego Puigdemont IV y años después Puigdemont V, y VI y VII, y así hasta el infinito, porque esto no tiene visos de terminar pasado mañana.

Inspiraciones de Trump y Putin

Pueden ustedes jugar a adivinar qué nombres habrían elegido los líderes mundiales si la tradición papal saliera de la Iglesia. ¿Cuál sería el de Donald Trump? No vale Adolf II; es muy previsible. ¿Y el de Putin? Pasen un buen rato imaginando los nombres de sus presidentes regionales (¿sería Susana Díaz conocida como Felipa II de Andalucía), incluso si tienen tiempo piensen en cómo podría llamarse el presidente de su escalera.

O ustedes mismos, aunque no tengan poder alguno, porque nacer (y todos ustedes han nacido) es una clarísima entrada al poder, tal vez la más genuina de todas. Jueguen a cambiarse el nombre, piensen en alguien a quien admiran y pongan después el 2 en números romanos.

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