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Análisis

Barcelona, ciudad de fútbol

PEDRO CASTROVERDE

Barcelona, ciudad de fútbol

Axel Torres

La coincidencia de cinco equipos de barrio de la capital en Tercera permitirá acercarse a un juego como el de antaño

Este verano pasé dos días en Estocolmo y me di cuenta de que, al igual que ocurre en Londres, los equipos más importantes de la ciudad tienen nombre de barrio o municipio adyacente (Djurgårdens, Hammarby, AIK Solna y Brommapojkarna), y ninguno representa a la integridad de la urbe -ninguno se llama, ni parcialmente, Estocolmo-. Es una constante en los países cuya cultura futbolística bebe aún de la influencia británica -pero también en Sudamérica, siendo Buenos Aires un ejemplo tan válido como el de la capital de Inglaterra-: el juego nació representando a comunidades pequeñas y generó rivalidades inmediatas entre los clubes más cercanos. Mientras en otros lugares se ha roto ese reparto de modos diferentes (con fusiones, o con una entidad haciéndose tan grande que 'de facto' se erigió en la evidente representante de la ciudad a ojos del mundo), en las capitales de Inglaterra, Irlanda, Islandia, Irlanda del Norte o Suecia el fútbol sigue presentándose como una atractiva pelea entre equipos de barrio, probablemente acercándose mucho más a la esencia fundacional del juego.

Pero estos ejemplos son extraños en el mundo actual, que tiende hacia la universalización. Ya no se pelea por ser el mejor de la ciudad: se lucha por lograr más aficionados que nadie en los otros continentes. También los clubes londinenses participan en esta batalla global -es indudable-, pero lo hacen, al menos de momento, conservando cada uno la supremacía en su barrio. Uno podría pintar un mapa coloreando las zonas de Londres en las que predominan los aficionados de cada club y aún le saldría un dibujo coral en el que las calles cercanas a cada estadio estarían plenamente identificadas con el equipo que juega en ese campo.
 

Ya no se pelea por ser el mejor de la ciudad; se lucha por lograr más aficionados en los otros continentes

Barcelona, es evidente, se encuentra en el extremo opuesto: su club principal lleva el nombre de toda la ciudad y, pese a la admirable resistencia del Espanyol, su dominio se extiende más allá de los límites de la metrópolis, logrando que muchos lo sientan y lo definan como “el equipo de Catalunya”. Sin embargo, esta temporada se produce un interesante fenómeno: hasta cinco equipos históricos de la capital, todos ellos representando a barrios con mucha tradición, coincidirán en el grupo V de Tercera División: el Sant Andreu, el Europa, el Sants, el Martinenc y el Horta. Y serán siete si contamos a L’Hospitalet y a la Fundació Grama, ambos de municipios adyacentes en la propia comarca del Barcelonès. Podrían haber sido incluso más, ya que hasta hace bien poco también participaban en esa categoría la Montañesa y el Júpiter. A todo aficionado que quiera aproximarse a descubrir cómo debieron ser aquellos partidos de principios del siglo XX, cuando el fútbol empezaba a levantar pasiones y era algo más sencillo, más amateur y más cercano, le recomiendo que se deje caer por el campo más próximo, y seguro que disfruta de la experiencia. Los innumerables derbis barceloneses que se vivirán durante esta campaña 2018-19 prometen reproducir emociones como las de antaño.