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Análisis

Otra intuición de Guardiola

AFP / LINDSEY PARNABY

Otra intuición de Guardiola

Antonio Bigatá

Disponer de un banquillo de calidad debe servir a Valverde para muchas más cosas que simplemente rotar jugadores

A la espera de ver si el Real Madrid se refuerza a última hora como prevención ante los malos augurios propios, el Barça ha empezado la temporada con la situación casi inédita de un banquillo sobrecargado de grandes jugadores y la incógnita de si esto provocará más ventajas que inconvenientes o al revés. En casi todos los equipos, los jugadores que actúan pocos minutos suelen provocar tensiones y, a veces, desestabilizaciones en el vestuario.

La situación barcelonista es anómala. Se le han desmadrado los costes en fichas y salarios. Pese a haber gestionado mejor que otros veranos la salida de los hombres sobrantes, está lejos del equilibrio presupuestario y la salud financiera. Es una cuestión a solucionar aunque predomina la idea de que se debe ser comprensivos con un problema creado por la voluntad de tener simultáneamente a varios de los mejores futbolistas del mundo y a la presión hacia un alza de sueldos que generan los rivales que ofrecen cantidades al límite a las figuras del club para contratarlas.

Mientras el Barça se refuerza pensando en la Champions, el Madrid parece centrar sus esfuerzos en la Liga

Probablemente los seguidores aceptarán ese cuadro peligroso si conlleva una mejora de la competitividad del equipo y un incremento de sus posibilidades de volver a ganar la Champions tras el parón de estos últimos años. Porque ese es el objetivo, cuando el Madrid en cambio parece centrar sus esfuerzos en ir a por la Liga, ese título que últimamente se le escapa casi siempre (quizá porque exige una regularidad más difícil de conseguir que la Champions). Para la Champions se ha quedado Messi, no se han ido ni Busquets ni Suárez ni (por ahora) Rakitic, no se jubila Piqué, tratarán de dar todo lo que se espera de ellos Coutinho y Dembelé, además de Umtiti, Jordi Alba, Sergi Roberto, Ter Stegen y Semedo. Y para ese objetivo han llegado los dos Arturos junto a Malcom. Si los suman verán que son más de 11 esenciales, a los que se deben sumar otros reservas de nivel y varios chicos de la cantera que todo el mundo desea ver alineados de vez en cuando.

Pulso a cuatro

Esta Liga por sus primeros compases puede ser excepcionalmente un pulso a cuatro por lo mucho que promete el Valencia de Marcelino. Si se cumple, importaríamos el estilo más plural de la Premier británica, donde suelen optar al título más de los dos aspirantes que solemos tener en España cuando el Atlético de Simeone flojea. Pero Valverde podría tomar nota de otra experiencia que ha hecho allí Guardiola, que administra una plantilla tan amplia y bien cualificada como la suya. La semana pasada, Pep intuyó que el partido contra el Huddersfield Town iba a ser, en paralelo a lo que el Barça encontró con el Alavés, algo más parecido a un partido de frontón que un verdadero encuentro de fútbol con dos equipos intentando jugar a combinar y ganar. Por eso, aprovechó su inmenso banquillo para sustituir al once más o menos convencional por un conjunto pensado de raíz en la tarea especializada de desarbolar cerrojos a través de trianguladores rápidos, incordiantes de entre líneas y centrocampistas que además de hacer un cerco similar al que se efectúa en el balonmano rompiesen continuamente la barrera con infiltraciones muy móviles para desordenarla.

Pep aprovechó su inmenso banquillo para montar un equipo pensado para desarbolar cerrojos

¿Cuál era el precio de ese planteamiento? Guardiola recurrió de entrada a alinear simultáneamente a los delanteros centros que él suele rotar en políticas de refresco, Kun y Gabriel Jesús. Supongo que empezó a confeccionar la alineación a partir de ellos dos. Luego, después de ir cubriendo hasta las 11 situaciones zonales que deseaba asegurar dentro de su plan, resultó que le sobraba esta vez el siempre eficiente lateral derecho Walker (pese a sus virtudes como atacante), y paradójicamente tampoco le cabían figuras titulares indiscutibles como Leroy Sané o Sterling porque al juego ratonil por el que apostó le convenía más juntar a Silva y Gundogan, que muchas veces se alternan en la función agitadora. El resultado fue un 6-1, sin agobios previos a los goles, a diferencia de lo que le pasó al Barça contra el Alavés.

Una gran plantilla bien administrada como tal, como base potencial para hacer muchas cosas más que como simple suministradora de las 11 piezas para cubrir los puestos predeterminados de siempre, puede ser más desequilibrante de cara al éxito en el día a día del campeonato. Lo planteo como reflexión táctica y como posible solución a los problemas que puede tener este año Valverde con tantos suplentes de una categoría similar a la de los 11 jugadores que pueda considerar más o menos titulares.

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