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Exhumación de Franco

Rasgarse las vestiduras

Joaquim Coll

El Gobierno actúa en coherencia con lo prometido e intenta blindar la efectividad de su decisión

Es cuanto menos hipócrita que el PP de Pablo Casado se rasgue ahora las vestiduras porque el Gobierno socialista recurra a la fórmula del decreto ley para iniciar el proceso de exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. Disfrutando de mayoría absoluta, el Ejecutivo de Mariano Rajoy fue quien más abusó de esa técnica legislativa hasta el punto de que el Constitucional le reprendió por hurtar el debate parlamentario. Y se equivoca igualmente Ciudadanos al no apoyar el decreto ley que, en la práctica, persigue lo mismo que el partido de Albert Rivera votó en el 2017 en el Congreso: sacar de allí los restos del dictador y celebrar así, el próximo diciembre, el 40º aniversario de la Constitución sin Franco en Cuelgamuros.

El PP tuvo durante mucho tiempo la oportunidad de zanjar el asunto, aplicando el razonable informe elaborado en el 2011 por una prestigiosa comisión de expertos, ideológicamente muy transversal (con destacada presencia catalana, por cierto: Hilari Raguer, Ricard Vinyes y Carme Molinero), que recomendaba trasladar los restos de Franco al lugar que designara su familia u a otro más adecuado. Frente a las posibles trabas jurídicas de sacarlo de la basílica benedictina, el PP podía haber optado por reubicarlo en un lugar no visitable de la misma, de manera que se cumpliera el principio de despolitizar el Valle de los Caídos.

Coherencia

Los expertos también aconsejaban que el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, no ocupara un lugar preeminente para lograr resignificar el conjunto monumental. Pero Rajoy prefirió no hacer nada y ahora Sánchez saca lógico provecho de un asunto que ya está más que discutido. En términos políticos, el Gobierno actúa en coherencia con lo prometido e intenta blindar la efectividad de su decisión.  Si hubiera optado por una modificación ordinaria de la ley de memoria histórica, el filibusterismo parlamentario le podría jugar una mala pasada. Aunque Sánchez afirma querer agotar la legislatura, le urge sacar a Franco por si la convocatoria electoral se precipita. Por eso, la oposición se rasga las vestiduras.

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