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Solución política

El apaño, para reiniciar

Jordi Mercader

La cuestión nacional se ha complicado tanto con tantas derivadas sobrevenidas que nos sería difícil ponernos de acuerdo en la selección del problema más urgente a solucionar

El amigo Antoni Gutiérrez-Rubí es partidario del apaño como método para impedir que las cosas empeoren e ir creando unas condiciones objetivas más favorables para atacar el fondo de la Cuestión. De nuestra cuestión nacional, se entiende. La idea merece atención. El apaño preserva los sueños, dijo en su conferencia, y te deja dormir. Porque ahora, mucha gente no duerme y esto no es bueno para dar con las respuestas adecuadas.

La Cuestión se ha complicado tanto con tantas derivadas sobrevenidas que nos sería difícil ponernos de acuerdo en la selección del problema más urgente a solucionar. Hay que sacar a los políticos de la cárcel, hay que respetar la ley, hay que encontrar un trabajo para Puigdemont, hay que escuchar al pueblo catalán, hay que dar una oportunidad a Pedro Sánchez y a su España plural, hay que recomponer la unidad interior de Catalunya, hay que recuperar la confianza institucional...

El contencioso original se ha multiplicado por culpa de los errores cometidos en la ambición de simplificarlo para resolverlo de golpe, en uno u otro sentido. El apaño tiene su encanto; es un remiendo provisional para recuperar el mínimo funcionamiento de las cosas a la espera de un arreglo definitivo. No da para una estatua ni una Creu de Sant Jordi, pero tiene algunas ventajas. No implica la resignación propia de la conllevancia, tampoco pretende anestesiar la reivindicación con la dura 'lex', como quisiera el inmovilismo, ni encandilar a los propios con la épica frustrante de la desobediencia, como sostienen los unilateralistas.

No parece que dispongamos de casi nada de lo exigible para atacar el fondo de la Cuestión (líderes, definición del contencioso, consenso interno, voluntad sincera de diálogo); solo prisas y una tendencia natural de los dirigentes a deteriorar progresivamente la situación. Ya no somos ni capaces de rendir todos juntos homenaje a las víctimas de un atentado. Venimos sumando agravios; tal vez la modestia del apaño nos vendría bien para frenar la escalada y reiniciar.

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