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Compendio de sensaciones, recuerdos y reflexiones

Verano 2014, Parcerisas

Josep Maria Fonalleras

El poeta ha escrito un par de páginas memorables, pero en su dietario hay unas que son un ejercicio finísimo de observación

Francesc Parcerisas ha escrito un par de páginas memorables. Hay muchas más, en 'Un estiu', el dietario sin fechas que transcurre durante el verano del 2014, pero estas que les digo son un ejercicio finísimo de observación, una voluntad explícita de descripción de un asunto menor que despega gracias a los recursos estilísticos en una lengua magnífica, uno de los mejores textos en catalán que he leído en los últimos años. En estas páginas nos habla de la sensación desagradable que siente cuando algunos granitos de arena se han introducido en las uñas: "La arena en los pies me gusta, pero en las manos me incomoda". A partir de aquí, de esta arena incrustada mientras se está en Ribes Roges, en Vilanova i la Geltrú, rememora los instantes de hace años (ahora tiene 70), cuando "los niños excavábamos para llegar al agua". Los pozos y los puentes que se iban construyendo en "aquella pequeña mina nuestra que chupaba, por debajo de la arena de la playa, la débil filtración del mar". Es solo un ejemplo de un libro que noquea no por el impacto desatado de las pasiones sino por un lento, constante y delicado equilibrio entre el "vivere la vitta, allegria e felicità" (la frase que repetía Jaume Vallcorba días antes de morir, justamente aquel verano) y la presencia implícita de la muerte, de la desaparición, de los días que se desvanecen y, con ellos, los amigos, las personas que queremos.

Historias de adolescentes

En otra de las remembranzas, Parcerisas explica las idas y venidas por la arena húmeda de un grupo de adolescentes: "Dejábamos bien marcadas nuestras huellas hasta que la primera ola un poco más potente las borraba para enseñarnos -sin que seguramente fuéramos capaces de entenderlo- la facilidad con que todo desaparece y todo recomienza". Al cabo de los años, el poeta lo ha entendido. Todo recomienza, porque todavía estamos a tiempo de ir cada día a la orilla del mar, comprar un pan de viña, caminar y leer, como si los libros fueran la pala y el cubo que arrastrábamos de pequeños, cenar con los amigos, contemplar la belleza. Y también todo desaparece, porque las cosas pierden el sentido que tenían y porque nos abandonan los amores y las amistades, incluso los recuerdos se diluyen: "... los que ahora me pesan también se fundirán, mullidos, ablandados, inconsistentes. En un universo en el que  somos totalmente prescindibles, no serán ni siquiera un agujero negro. Camino, camino para que desaparezca el vacío, la nada".

A lo largo de este verano del 2014, el poeta ve morir o contempla la agonía de cuatro amigos, "que han vivido por las palabras", y es consciente de que está asistiendo a un final. La elegía, sin embargo, se mezcla con la celebración. Hace muchos años, en uno de sus primeros libros -'L'edat d'or', un volumen imprescindible en el canon poético catalán-, ya intuía que la muerte podía ser como el momento en que el amante contempla a la mujer que se está a su lado mientras abandona la mano "sobre un pecho que suspira, dormido / la cara en la mata blanda del pelo". Un instante de placidez, "agradeciendo solo los dones inconmensurables de la vida". Y, al mismo tiempo, la presencia de lo que se va, el golpe definitivo e inefable que nos expulsa del paraíso.

En 'Un estiu', el autor ve morir o contempla la agonía de cuatro amigos "que han vivido por las palabras"

Parcerisas contempla una fiesta y observa "la fuerza de la vida, como si lo pudiera ver desde dentro y desde fuera. Simultáneamente. Todo me parece un misterio, un absurdo. Pero también es un placer, esta mezcla de alegría inmensa y de pesadumbre profunda". Luego, con ecos de Vinyoli, pone los pies en el agua y pisa "los guijarros lamidos por el tiempo" mientras "una espuma diminuta" se atornilla alrededor de los tobillos. "Los amigos", escribe, "el destino, la muerte quizá también son parte de ello o, mejor aún, esto es una parte de ellos".

En este verano no pasa nada y pasa de todo. He pensado, a veces, en las conversaciones que mantienen Harvey Keitel Michael Caine en 'La juventud', aquellos dos ancianos que contemplan la belleza en todo su esplendor y exuberancia, la tirantez de las formas juveniles, como los viejos que espían a Susana, pero sin lubricidad, solo con el estatismo de la mirada conmovida. Parcerisas hace lo mismo y, como indicaba Sorrentino, busca "de manera sistemática una especie de simbiosis" o, como dice él mismo, "una relación antigua y tranquila, sin exigencias innecesarias o impostadas". El reducto de lo que amamos contra la evidencia de lo que desaparece.

Lean y regalen este libro como una obligación moral. Para embriagarse, como recomendaba Baudelaire, por "no sentir el horrible fardo del Tiempo que te rompe la espalda y os inclina hacia la tierra, es necesario que se embriagueis sin tregua". Embriagarse de vino, de poesía o de virtud, como más les plazca.

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