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La clave

Imagen de los Sims.

Los Sims en la república de los lazos amarillos

Bernat Gasulla

Antes de soñar con repúblicas digitales, resolvamos la vida, tristemente analógica, de los ciudadanos

El 'conseller' Jordi Puigneró habrá aprendido estos días que las palabras las carga el diablo. Cuando el pasado sábado, durante una conferencia en la Universitat Catalana d’Estiu (UCE) titulada ‘¿Hacia el Estado virtual?’, aseguró que Catalunya debía crear “una nación digital en forma de república”, pulsó el saco de la risa y nos sirvió en bandeja de plata munición para el chascarrillo fácil. Muchos imaginamos una república virtual en el espacio sideral de internet, como unos Sims, a la espera de la, también citando a Puigneró, “la república física”.

Otros, independentistas incluidos, pusieron cara de póquer al escuchar al titular de Polítiques Digitals i Administració Pública. Pero la cosa, en el fondo, tiene poco chiste. Ya sabemos (también Puigneró dixit) que el Estado español es “analógico”, pero entes políticos virtuales al margen, la digitalización de la Administración tiene poco chiste.

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Las nuevas tecnologías abren la puerta, no solo a una mejora de los servicios públicos, sino también a una profundización de la democracia y el empoderamiento de los ciudadanos en la gestión de los recursos. Y ahí el margen de recorrido sigue siendo enorme, sin necesidad de esperar a la república catalana. La Administración catalana aún es muy deficiente en algunos aspectos digitales (mírese la web de información del estado de las playas de estos días) y también analógicos (en agosto solo abre una oficina de Benestar Social). Y estaría bien que alguien afrontara estas deficiencias antes de que se resuelva la relación política entre España y Catalunya.

El ‘procés’ tiene mucho de símbolo, de lucha virtual (que no digital). Aquí hay mucha gente en tensión por los símbolos que reclaman en la calle la liberación de los políticos independentistas presos.  Que discute (incluso con violencia) sobre si es o no delito colgar o descolgar un lazo amarillo. Mientras, los problemas tangibles, los analógicos, nos siguen agobiando.

Díganme cobarde o traidor. Antes de soñar con repúblicas digitales, resolvamos la vida, tristemente analógica, de los ciudadanos. Y, sí, 'conseller' Puigneró, para eso habrá que impulsar de manera real la Administración digital.

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