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Iniciativa ecológica

Máquina para filtrar agua en un restaurante.

DANNY CAMINAL

"Agua de beber, camará"

Jordi Puntí

Es increíble que no se haya presentado antes la idea de servir agua de grifo gratis en los restaurantes

Recuerdo un verano de hace unos años, durante unas vacaciones en Aix-en-Provence. En una placita encantadora, con un surtidor en medio, nos sentamos para cenar en la terraza de un restaurante. Antes de tomarnos nota, un camarero cogió un jarrón, lo llenó con el agua fresca del surtidor y nos lo dejó en la mesa. Luego, durante la cena, cada vez que queríamos agua volvía a llenarlo. Me acordé de ello el otro día, al leer la noticia de que este otoño la Associació de la Restauració Sostenible y Aigües de Barcelona presentarán una campaña de promoción para beber agua de grifo en los restaurantes. Según ellos, tiene suficiente calidad y a su vez ayudaría a mejorar el medioambiente y luchar contra el cambio climático, reduciendo el consumo del agua embotellada en plástico.

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De entrada es una propuesta tan lógica que es increíble que no se haya presentado antes. Desde el 2010, las Naciones Unidas reconocen que el agua potable es un derecho universal, por eso es extraño que haya que pagar por beber, sea donde sea. En el otro lado de la balanza, claro, está el hecho de que en algunos lugares -en muchos barrios de Barcelona, ​​por ejemplo- la calidad del agua es muy discutible: quizá supera todos los requisitos técnicos de un análisis, pero tiene tantos tratamientos químicos que más bien parece agua de piscina infantil.

Hace años que, en Estados Unidos y en Alemania, los restaurantes te ofrecen gratis el agua del grifo, aunque si quieres también puedes pedir "agua mineral" de marca, y te la cobran. En esta nuestra tierra, precisamente tan rica en fuentes y con una gran variedad de aguas minerales, no será fácil conseguir que el agua del grifo gane algo de prestigio en los restaurantes. Veremos. Quizá el cambio ya empezó hace unos años, cuando los técnicos introdujeron el término 'agua de boca', que venía a sustituir lo que toda la vida habíamos llamado 'agua potable'. Es decir, la que bebemos del grifo y de las fuentes y que el gran Tom Jobim definía con la sencillez de los ritmos de bossanova como "agua de beber".

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