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LA CLAVE

El verano perdido de Colau y Valls

Olga Grau

Barcelona ha vivido este verano debates relevantes relativos al incivismo de los que el aspirante a alcalde francés y la propia alcaldesa han estado ausentes

La canícula barcelonesa ha remitido ligeramente tras una fuerte tormenta de verano, que dicho sea de paso, ha sido agua de mayo para el hedor a orín humano y animal que impregnaba la ciudad. Pero los calores siguen recordándonos que es todavía tiempo de agua de mar, de hamaca, helados, lecturas y noches insomnes.

El verano es periodo de descanso, de ensoñaciones, de balance, de ensimismamiento. Para los políticos es, principalmente, momento de desconexión controlada y de reflexión estratégica.

Pero el verano también es tiempo de oportunidades, sobre todo en una gran ciudad como Barcelona que se encuentra a las puertas de una campaña electoral municipal que se aventura extremadamente reñida.

Imagínense el impacto visual de un Manuel Valls paseando por la Barceloneta en un día como este sábado para interesarse por la explosión de hartazgo de los vecinos.

Un candidato a la alcaldía de Barcelona, al que muchos ciudadanos de barrios sencillos no conocen ni reconocen como barcelonés, bien podría haberse puesto una vestimenta fresca y paseado por la Rambla, el Raval, Paral·lel o por el barrio portuario como un ciudadano de a pie.

Son barrios que auparon a Ada Colau a la alcaldía y que este verano han sido noticia lamentablemente por el abandono, la suciedad y el incivismo rampante que los habita, agravado por el auge del turismo y la escasez de medios de los Mossos, acaparados como están por la prevención del terrorismo, y la  falta de coordinación de la Urbana.

Valls ha perdido una oportunidad de poder entrar este verano en el debate de temas importantes que afectan a la ciudad. Por suerte para el exministro francés, la actual alcaldesa tampoco ha visto la ocasión del estío para atajar el descontento en los barrios que son su granero de votos.

Ada Colau no asistió, por citar un ejemplo, a la comisión extraordinaria para reprobar su gestión en materia de seguridad y civismo, después de que un mantero agrediera a un turista a principios de agosto, y delegó la réplica en la alcaldesa accidental Laia Ortiz. Otra oportunidad perdida.

Los políticos parecen más interesados en situar las municipales en clave de cómodos bloques a favor o en contra del procès. Pero la calle es tozuda y se entesta en devolverles a la realidad. Y esa está en los barrios como la Barceloneta.

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