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Partidismo

La causa del Gobierno catalán está por encima de todo, aunque defenderla le suponga daño

En Catalunya el habitual parón político estival de la primera quincena de agosto solo se ha visto perturbado por el debate en torno al tipo de conmemoración que debía de tener lugar con ocasión del primer aniversario del brutal atentado que tuvo lugar en la Rambla de Barcelona el 17 de agosto del año pasado. Más allá del acuerdo unánime, como no podía ser de otro modo, de que el protagonismo debía recaer en las víctimas, ha habido diferentes puntos de vista respecto a si también correspondía honrar la tarea de los Mossos de Esquadra y otros colectivos y de si la fecha debía ser aprovechada para efectuar reivindicaciones políticas. Por ejemplo, en apoyo al Gobierno depuesto en la cárcel, en especial al consejero de Interior Joaquim Forn y al también destituido mayor Josep Lluís Trapero, quien explícitamente rechazó cualquier tipo de tributo, ambos considerados los principales responsables del operativo que se desplegó tras los atentados y que acabó con la localización y muerte de los terroristas. O de rechazo al Rey, tal y como sucedió el año pasado en la manifestación de repulsa que tuvo lugar días después de los ataques y que ha incentivado en el bando opuesto a los partidarios de aprovechar la ocasión para la exaltación españolista y monárquica.

Y aunque parecía que las instituciones catalanas habían decidido ir a la una en la priorización de las víctimas, finalmente el Govern de la Generalitat optó por el partidismo. Hizo partidismo en el homenaje a los Mossos en Alcanar, acto que estuvo presidido por un enorme lazo amarillo, y lo ha hecho en el acto institucional en la plaza de Catalunya cuando el 'president' Torra ha recibido al Rey insólitamente flanquedo por la esposa del 'exconseller' Forn y luciendo un pin con el rostro del propio 'exconseller' en la solapa para reivindicar su papel.

Sin pitadas ni abucheos

Apenas se han visto banderas de ningún signo y no ha habido ninguna pitada ni abucheo al Rey; al contrario, los únicos eslóganes que se han oído han sido "¡Viva el Rey!" y "¡No estás solo!", que aunque impertinentes han sido coreados por ciudadanos anónimos amparados por su libertad de expresión, no por instituciones. Al igual que ha habido pancartas antimonárquicas, como la que en inglés y con claro ánimo de beneficiarse de la presencia de cámaras extranjeras rezaba 'The Spanish king is not welcome in the catalan countries", o la que ha lucido la marcha de los CDR con el lema "Del poble pel poble. Catalunya no té rei" hasta una manifestación convocada por la ANC y Òmnium Cultural frente a la prisión de Lledoners, esta sí con presencia del 'president' de la Generalitat.

El Gobierno catalán lo ha intentado, pero no lo ha logrado porque, al igual que el escorpión de la fábula de Esopo, no puede revelarse contra su propia naturaleza. Su causa está por encima de todo, aunque defenderla le suponga daño.  Por ello, ha optado por hacer política el día reservado a la memoria de las víctimas. Y como casi todos a lo largo del último año, ha ignorado que el mejor de los homenajes es el cotidiano, contribuir cada cual desde su ámbito a perfeccionar las políticas que han fallado: la coordinación policial, la prevención de la radicalización islamista y el apoyo a las víctimas. 

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