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MEMORIA HISTÓRICA

Veteranos y vecinos recuerdan el desembarco de Normandía, este viernes en la playa de Omaha.

AP / THIBAULT CAMUS

En la playa de Omaha

Sílvia Cóppulo

En el cementerio americano de Colevillesur-mer, andamos sobre el césped entre miles de cruces blancas

Camino lentamente por esos largos siete quilómetros al borde de las olas de la playa de Omaha. El sonido del mar se confunde con el graznar de las gaviotas y mi propia respiración; el resto es silencio. Cuesta pronunciar palabra alguna en el escenario de aquel día D, 6 de junio de 1944, cuando los aliados desembarcaron en estas playas de Normandía y empezó el fin de la segunda guerra mundial.  

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En Pointe du Hoc, al lado del acantilado que escalaron 200 'rangers' suicidas, el visitante/turista fotografía todos los rincones de un búnker alemán mientras los niños se echan jugando a cuerpo a tierra en las trincheras. Paradoja de la historia. En el cementerio americano de Coleville‑sur-mer, andamos sobre el césped entre miles de cruces blancas clavadas en filas y columnas. En cada una, el nombre del soldado, la división militar, el lugar de nacimiento y la fecha en que encontró la muerte. Algunas rosas frescas. El cementerio alemán de La Cambe es menos visitado. Las cruces son oscuras, pero el nombre de los soldados está grabado en blanco. También fueron jóvenes que dieron su vida. Caen y su Memorial-Museo es espléndido. Se autodefine “Centro por la historia y la paz en Normandía”. Historia y Paz. Recorremos salas con grandes fotografías y relatos respetuosos escritos en francés, inglés y alemán. Junto a películas de cine, material militar y reproducciones a escala real de puestos de mando o de comunicaciones, reflexionamos y asumimos. Me gusta adivinar a los abuelos que acuden junto a los nietos y les hablan con determinación y serenidad.

De vuelta a casa, en páginas especiales de nuestro Periódico, leeré que la Generalitat consigue recuperar los restos de 250 soldados de la guerra civil española en la fosa de Soleràs (Les Garrigues) y Miravet (Mora d’Ebre). La mayoría eran del bando republicano, pero también los había del nacional. En un año, se han multiplicado por cuatro los restos desenterrados desde la transición. No hay nada en el periódico de estos días sobre el Valle de los Caídos. La tumba del dictador sigue ahí y ni se discute acerca de construir un Memorial.