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Gestos y política

El 'Aquarius' siempre regresa

GUGLIELMO MANGIAPANE

El 'Aquarius' siempre regresa

Jordi Mercader

Sánchez tal vez confió en que la acogida de refugiados en València removería las conciencias de los mandatarios europeos

La política de gestos suele ser resultona de hoy para mañana y suele presentar inconvenientes para después. El retorno del 'Aquarius' era inevitable; porque la muerte se ha instalado en un Mediterráneo que siempre ofrecerá una vía de escape a los desesperados; porque Italia tiene un especial interés en agotar el humanismo de los gobiernos de la Unión que aún lo practican; y porque las oenegés que todavía navegan viven acuciadas por la urgencia del minuto y no dudan en promover las contradicciones entre gobiernos amigos.

Nada de esto pudo escaparse al análisis de la Moncloa cuando optaron por acoger a los 630 refugiados en el puerto de València, decidiendo organizar una exhibición de la solidaridad por todo lo alto. Una causa justa gestionada con exceso, como si fuera el primer acto de solidaridad del país y como si fuera a ser el último; de todas maneras, el error en las maneras no le restaba ni un ápice de valor a la decisión de Pedro Sánchez.

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El valor político, sin embargo, no puede quedarse petrificado en el instante de gloria, hay que renovarlo cada día. Y la oportunidad no podía tardar en llegar, con el mismo buque de protagonista, con gentes anónimas idénticas a las afortunadas de hace dos meses. El Ejecutivo de Sánchez no parecía tan entusiasmado; ahora España no era puerto seguro según la ley y no estando el barco al borde del desastre dado que el número de rescatados está muy por debajo de la capacidad del 'Aquarius' el peligro era relativo.

Una emergencia menor, venía a decir la Moncloa; una valoración que permite intuir miedo a la campaña del efecto llamada, mantenida por la derecha, insensible a las desgracias de los refugiados. Sánchez tal vez confió que el episodio magnífico del primer 'Aquarius' removería las conciencias de los mandatarios europeos que darían con la solución al problema en una semana. Bruselas no es tan rápida y ha estado a punto de quedarse solo frente al 'Aquarius'; al final, el gesto valenciano sirvió para algo y la reunión con Merkel, también.  

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