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IDEAS

Comenzaron los presocráticos y el combate por la primacía de la palabra no ha concluido aún. Parecía que se iba a imponer sobre todas las materias, pero sofistas como Gorgias demostraron cualquier absurdo. La palabra se pasó de lista y así nos enseñó a desconfiar de ella.

A lo largo de los siglos, la palabra se ha peleado con la espada. Aristóteles, preceptor de Alejandro Magno, anotó la ‘Ilíada’ para él y le enseñó Herodoto y Jenofonte, de modo que de no haber estado tan bien adiestrado no habría llegado a magno. Napoleón tenía tanto miedo de la palabra, ya denominada pluma, que encargó a Fouché el control de toda disidencia.

Más cerca de nuestros tiempos, la imagen derrocó a la palabra y se entronizó en la cima de la significación. La expresividad del cine mudo y los publicistas tuvieron mucho que ver. El reinado de la imagen fue de corta duración. Gracias a las nuevas tecnologías, y sobre todo a Twitter, la imagen ha vuelto a su puesto de lugarteniente de la palabra.

Donald Trump

Posiblemente, el tuitero más seguido sea Donald Trump, el locuaz presidente de los Estados Unidos. ¿Primacía de la palabra o primacía de la espada que se expresa con palabras?

Sigmund Freud fue preguntado por el origen de la justicia y los códigos que la fijan. La respuesta fue fulminante para el prestigio de la palabra: la justicia existe para que descanse el poderoso; dictar una norma disminuye el esfuerzo de propinar garrotazos a diestro y siniestro.

El poder de la palabra per se no se demuestra en las leyes sino en los textos fundacionales de las religiones. Solo son palabras escritas por marginados, pero hay que ver las voluntades que han subyugado, las espadas que han retorcido, los sufrimientos y los éxtasis que han ocasionado.

Que descansen, y si no puede ser en paz que sea en silencio.

Temas: Filosofía

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