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Editorial

Batida nocturna en la Barceloneta

Barcelona padece un déficit policial que afecta a la calidad de vida de los vecinos y a la imagen que la ciudad proyecta al mundo

Botellón y lateros en el Front Marítim, este domingo.

Botellón y lateros en el Front Marítim, este domingo. / FERRAN NADEU

Este verano se está caracterizando, en Barcelona, por un aumento de las situaciones de incivismo, de tal manera que el asunto incluso ha tenido una derivada política, con la reprobación, la semana pasada, del gobierno de Ada Colau por parte de la oposición. En la lista de agravios, tal y como ha venido informando EL PERIÓDICO, figuran desde la práctica del botellón al tráfico de droga, pasando por los robos a turistas o el fenómeno del 'top manta', cuyo último episodio -con la paliza en la plaza de Catalunya- generó una dura polémica. No es menor la problemática del ocio nocturno, centralizado en zonas como la Barceloneta, con un continuo trasiego de personas sin el menor sentido de la convivencia y con dosis elevadas de incivismo e inseguridad.

Un mensaje contundente

Para paliar, en parte, la sensación de indefensión, un dispositivo conjunto de Mossos d'Esquadra y Guardia Urbana intervino la noche del sábado al domingo en el Front Marítim, con un sorprendente saldo de 38 detenidos (por hurto, robo con violencia y delitos contra la salud pública). Se trata de una acción que sobre todo perseguía enviar un mensaje contundente a los hipotéticos infractores y calmar las presiones de los vecinos y de los empresarios del sector (Fecasarm), que ya se habían quejado de una cierta sensación de impunidad y tolerancia.

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Más allá del incivismo evidente, con la intervención policial se ha puesto de manifiesto una realidad que no era desconocida pero que ahora se pone rotundamente en evidencia. A pesar de no tratarse de una noche especialmente caliente en la Barceloneta, el resultado del dispositivo (que se desarrolló sin alardes y con discreción a lo largo de toda la madrugada) nos advierte de que no solo estamos hablando de gamberradas o de atentados contra la salud o el patrimonio común, sino que también se dan, y con frecuencia, delitos más graves, atracos y acciones relacionadas con la droga, lo cual nos pone sobre aviso de la necesidad ineludible de intensificar la presencia policial más allá de una acción esporádica.

El problema es la falta de recursos policiales. A pesar de los últimos esfuerzos -los simbólicos y los continuados en el tiempo-, Barcelona (y singularmente los espacios donde se concentra el ocio nocturno) padece un déficit que va en detrimento no solamente de la calidad de vida de los vecinos, sino de la imagen que la ciudad proyecta al mundo.