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La clave

Su majestad el Rey, Rajoy, Puigdemont, Colau y otras autoridades durante el minuto de silencio en Barcelona.

REUTERS / JAVIER SORIANO

Cosas que ya se han roto en Catalunya (3)

Luis Mauri

No es extraño el empecinamiento independentista en negar que el 'procés' ha fracturado Catalunya. Admitirlo supondría confesar el quebranto social causado por su estrategia, es decir, su fracaso

La dirigencia independentista considera herejía toda mención a la fractura que el choque identitario ha producido en la sociedad catalana. La brecha, desde ese punto de vista, es una falacia más de esa dictadura fascista y colonial que tan bien coloreada sale del chispeante taller de creatividad independentista.

Las muestras de traumatismo político, social, familiar y personal forman desde hace muchos meses parte del paisaje cotidiano catalán. De igual modo que hace un año la agit-prop secesionista pintó una puerta sobre un muro y animó a la gente a salir a través del trampantojo, hoy trata de disimular el trauma social. Unas veces maquilla la brecha de simple encuentro de pareceres. Y otras, de tergiversación de la realidad que excita y brinda sensación de impunidad a ese fascismo del que habla el presidente de la Generalitat, Quim Torra, con tanto desparpajo como escasa memoria de su propia obra escrita y oral.

No es extraño el empecinamiento independentista en negar que el procés ha fracturado Catalunya. Admitir esta realidad supondría confesar el quebranto social causado por su estrategia, es decir, su fracaso.

Conmemoración del 17-A

No hay fractura en la sociedad, insisten los altavoces soberanistas, pero aún está por ver que Catalunya sea capaz de honrar unida la memoria de las víctimas de los atentados yihadistas del 17-A. Antes de que Òmnium y, después, la ANC echaran el freno estos últimos días, Torra, Elsa Artadi y otros miembros del Govern llevaban semanas convirtiendo la luctuosa convocatoria en una nueva campaña contra el Estado, en esta ocasión focalizada en el rey Felipe VI. Defenestrados Mariano Rajoy y el PP, y con el socialista Pedro Sánchez poniendo velas por la distensión, el independentismo rigorista de Carles Puigdemont y Torra necesitaba otro archienemigo para mantener cohesionada, tensa y engrasada a la feligresía.

Pero no hay fractura, repican las campanas soberanistas mientras sus medios escarnecen al exconseller Santi Vila por renegado y por homosexual. Esta es la tasación moral del momento.