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Las licencias cinematográficas

¿Dinosaurios con plumas?

¿Dinosaurios con plumas?

Jordi Serrallonga

El plumaje, lejos de debilidad, es compatible con los depredadores de 'Jurassic World'

Recuerdo la primera vez que observé a un pavo real, de largas patas y andar majestuoso, mientras desplegaba sus multicolores plumas en forma de abanico. Era tan solo un chaval; el mismo que, por unos andares no tan firmes ni elegantes, había recibido un docto consejo del pediatra: «Este niño tiene que tomar el sol y caminar mucho por la arena para reforzar sus larguiruchas piernas». A los siete años de edad sobrepasaba en altura a mis compañeras y compañeros de clase. Yo era 'el jirafa'. Mi madre interpretó la prescripción médica al pie de la letra y, fuera invierno o verano, tomábamos primero el tren y después el autobús hasta desembarcar en las playas de la Barceloneta. Tanto a la ida como a la vuelta, al pasar el bus ante los teatros del Paral·lel, desviaba mi mirada hacia los grandes paneles pintados donde aparecían sonrientes 'vedettes' con cuerpos semidesnudos y muchas plumas. Así no es de extrañar que, aquel día, en el Zoo, vista la exhibición plumífera del pavo real, pensara que estaba contemplando a una hembra. Mi padre me sacó del craso error: se trataba del macho. ¿Acaso las plumas no encajan en el vestuario biológico del sexo masculino? Aficionados, como somos, a retroalimentar viejos tabús, mitos y prejuicios, ¿es posible que un ser vivo con plumas no amedrante lo mismo que otro dotado de enormes colmillos, cornamenta o garras? ¿Esto es lo que pasó por la cabeza de los creadores de Hollywood cuando llevaron los dinosaurios de Michael Crichton al cine?

Agrandados en el cine

El año 1993 se estrenaba la película 'Jurassic Park'. En ella, los grandes protagonistas, además del omnipresente 'Tyrannosaurus rex', eran los rápidos y mortales 'Velociraptor'. Aunque el filme contó con un paleontólogo asesor, las exigencias del guion hicieron que los velocirraptores, en el celuloide, fueran mucho más grandes que sus tocayos fósiles. Unos dinosaurios, con poco más de medio metro de altura, no habrían dado la talla en el momento de atemorizar al público. Con el tiempo llovieron las secuelas: 'El Mundo Perdido' (1997), 'Jurassic Park 3' (2001) y, tras un largo vacío, 'Jurassic World' (2015). Lo curioso es que todas estas cintas hicieron caso omiso de aquello que une al pavo real del Zoo con mis primeros amores platónicos del Paral·lel: las plumas.

Los velocirraptores de la saga jurásica siguen actuando con el disfraz de lagarto pese a la evidencia científica de que no fue así

Y es que, en la década de los 90, los paleontólogos hallaron registros fósiles capaces de demostrar que algunas especies de dinosaurios tuvieron su cuerpo cubierto de plumas; por ejemplo, el género Velociraptor. Aun así, a pesar de la evidencia científica, a cada entrega de la saga jurásica, los velociraptores siguieron actuando con su típico disfraz de lagarto. La franquicia desestimaba el nuevo 'look' reptiliano: ¡dinosaurios con plumas! ¿Les asustó semejante posibilidad? ¿Los grandes reptiles, con fauces salivosas y afilados dientes, serían menos mortíferos si aparecían emplumados? ¿No era el momento? Sea un motivo u otro, en la reciente 'Jurassic World 2' de Bayona, los 'Velociraptor' –como Blue– tampoco han recibido la equipación de plumas o protoplumas. Las mismas que quizás sirvieron para mantener el calor corporal, como reclamo sexual u otras funciones.

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Entiendo que el cine no persiga la rigurosidad que exigimos a un documental científico; el director de una película se acoge a las licencias que estime oportunas. Ahora bien, le aseguro a Juan Antonio Bayona –si es que acomete el futuro rodaje de 'Jurassic World 3'– que podría imprimir la misma ferocidad a sus depredadores jurásicos dotándolos de plumas; y la prueba la tenemos en 'Los Pájaros' de Alfred Hitchcock. Mi madre –la persona que me llevaba a la playa– siempre ha tenido fobia a los pájaros por culpa del genio del suspense. Un amigo, catedrático de filosofía, cuando le dije que las aves descendían de los dinosaurios terópodos –los que corrían sobre dos piernas como es el caso de los 'Velociraptor' y el 'Tyrannosaurus'–, me respondió: «Ahora entiendo mi miedo a las palomas». Precisamente, el género 'Archaeopteryx' (cuyos primeros fósiles se descubrieron durante la segunda mitad del siglo XIX) representa a algunas de las formas biológicas intermedias entre los dinosaurios y las aves... ¡y estaban recubiertos de plumas!

Mama Jordi, el catedrático y Hitchcock avalan mi extraño alegato: no hemos de omitir las plumas en los velociraptores cinematográficos. Incluso con plumas seguro que nos transmitirían más miedo. ¿Lo dudan? Una gallina irritada es capaz de provocar la huida del más valiente. No lo olvidemos, los dinosaurios viven entre nosotros: son las aves con plumas.

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