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ANÁLISIS

Sin apearse de la campaña

Rosa Massagué

Trump no ha entrado en liza para los comicios legislativos porque no ha dejado de estar en pugna desde su candidatura a la Casa Blanca del 2016

Vienen elecciones y ya se oyen voces, en este caso desde la propia Administración estadounidense, sobre los intentos de Rusia para influir en los resultados. Vienen elecciones y el presidente, Donald Trump, no ceja en su campaña de demonización de la prensa tradicional. Es "el enemigo del pueblo", dice, como en otra época y en otro contexto lo era la religión. Enemigo que no opio, porque para esto ya está la industria farmacéutica y las prescripciones  médicas que han generado una auténtica y no metafórica epidemia de opiáceos en EEUU.

Trump no se ha puesto en campaña para los comicios legislativos de dentro de tres meses. No se ha bajado de ella desde que inició la que le llevó a la Casa Blanca en el 2016. En estos dos años desde aquel noviembre ha gobernado, sí, pero lo ha hecho con la mentalidad agónica del campeón atrápalo todo, no con el sentido de un hombre de Estado.

Y a decir verdad, las encuestas sobre su popularidad le dan la razón. Su índice de aprobación se mueve entre el 40 y el 45%, según los sondeos. Y entre los votantes de su partido, el republicano, goza del favor del 90%, algo alcanzado solo por un George W. Bush en plena ofensiva antiterrorista después del 11-S.

Referéndum

Estas elecciones pueden ser un referéndum para Trump, pero de lo que se trata es de renovar la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños) y una parte del Senado (33 de 100), además de 39 gobernadores y otros cargos. En la actual Cámara, los republicanos disponen de una comodísima mayoría de 24 legisladores, mientras que en el Senado es solo de dos. Este control republicano del Congreso ha permitido al presidente sacar adelante su agenda. Habrá que ver si en noviembre el Congreso va a cambiar de orientación como acostumbra a ocurrir en las elecciones de mitad de mandato debido al desgaste causado por la acción de gobierno. De ser así, habría un escenario político completamente distinto.

El Partido Demócrata ha pasado los dos años desde la elección de Trump lamiéndose las heridas de aquella derrota inesperada cuando todos los sondeos le daban la victoria a Hillary Clinton. Y ganó en voto popular (casi tres millones de votos más que su contrincante), pero lo que cuenta en el sistema estadounidense es el colegio electoral y éste dio la victoria a Trump. La cita electoral de noviembre ha hecho despertar a los demócratas de su ensimismamiento y lo ha hecho con lo que parece ser un giro a posiciones más a la izquierda de las centristas mantenidas hace dos años, y con un tercio de mujeres candidatas.

En este giro demócrata, la pobreza será uno de los temas de campaña considerando que la mayor parte de la legislación aprobada bajo la presidencia de Trump, perjudica directamente a los más desfavorecidos, desde la fiscalidad a la sanidad pasando por medidas laborales. Por si acaso, la Casa Blanca atacó frontalmente por "inexacto, incendiario e irresponsable" un reciente informe de Naciones Unidas según el cual, 40 millones de estadounidenses son pobres y cinco viven en condiciones tercermundistas. El informe estaba basado en datos  de la oficina de estadística de… EEUU.

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