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ELECCIONES MUNICIPALES

Barcelona y el catalanismo político

Jordi Mercader

La intervención del PDeCAT por parte del legitimismo acerca a Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona. ERC tiene el viento de las encuestas a favor y no parece dispuesta a participar en aventuras con Puigdemont. La hipótesis de dos candidaturas oficiales del independentismo, beneficia también a Ada Colau, cuyo escenario perfecto es que Valls se quede en Francia.

Las muchas cenas barcelonesas de Valls con gentes exquisitas y ansiosas de acabar con Colau y el independentismo de una sola ventolada deben ser encantadoras. Sin embargo, a un político de su experiencia no se le habrá escapado la realidad de un constitucionalismo plural y enfrentado (tanto como el soberanismo), además de la exigencia de tener un discurso específicamente barcelonés para hacerse creíble como candidato. Y eso, tener una idea de Barcelona, no es cosa sencilla. El actual gobierno municipal lleva tres años en el ejercicio y todavía no la tiene.

De venir Valls, no hay que descartar que el miedo a la derrota se imponga a la desconfianza en las filas independentistas y vayan de la mano, entonces será la tormenta perfecta para Colau, atrapada en una campaña polarizada entre el yin y el yang de las identidades, intentando los contendientes ahorrarse el detalle de los intereses de Barcelona. Este “olvido” podría permitir a Colau ofrecerse como refugio del voto “preocupado” por la ciudad, sin embargo, su balance de gestión no se presume tan brillante como para imponerse como argumento definitivo.

La suerte de Colau es que el vendaval que puede desatar Valls también dejaría malparado al PSC, sus únicos socios hasta ahora. La experiencia se frustró de forma lamentable, por ceder los 'comuns' al pressing del independentismo; pero la política está plagada de errores y enmiendas. Los ex socios pueden acabar peleándose entre ellos por promover el retorno al catalanismo político, que en el caso de Barcelona resulta muy apropiado. La ciudad se tambalea pero resiste por gozar de unos buenos fundamentos y una gran fe en sí misma, factores atribuibles en buena medida a la gestión de aquel catalanismo.

Entre socialistas y comunes habrá quien considere un anatema el simple hecho de plantearse un pacto electoral, aunque sea para defender Barcelona de acabar engullida por la guerra de los bloques. Colau hizo campaña contra la herencia de los gobiernos de izquierda liderados por el PSC; sin embargo, no ha hecho sino elogiarla, intentando salvar lo que queda de ella. La administración municipal está plagada de cargos exsocialistas y aunque esta sería la vía preferida por los 'comuns', recoger los desencantados del PSC, tendrán que asumir que el PSC no va a desaparecer.

Los sondeos anuncian un repunte del partido de Iceta y aunque podría ser insuficiente para resistir a la polarización impulsada por Valls, va a perjudicar las expectativas de Colau. Ciudadanos está dispuesta a ponerse en manos de un exsocialista francés para ganar la alcaldía; ¿será capaz el catalanismo político de actuar en consecuencia o ya está muerto como les gustaría a los agoreros? 

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