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LA CLAVE

La fábula de Puigdemont y Torra

Luis Mauri

Un gobierno progresista en España no le conviene al relato del 'expresident' y su sucesor sobre dictaduras coloniales, pueblos puros sometidos, crisis humanitarias y fascistas en dirección única

Para los físicos no es exactamente así, pero para los demás mortales el tiempo es una magnitud absoluta y regular. Una hora sucede a otra y un día precede al siguiente, siempre con igual ritmo y medida. La historia, no. La historia en ocasiones se contrae con velocidad frenética y en otras se expande con plácida morosidad.

En las últimas dos décadas del siglo XX y la primera del XXI, darle la vuelta a una tendencia electoral en España llevaba muchos años, en ocasiones más de una década (González, 1982-1996) y de dos (Pujol, 1980-2003). Hoy, la sociedad hipercomunicada derriba y construye a velocidad de vértigo sus tendencias hegemónicas.

Hace exactamente un año, el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) colocaba al PP en cabeza en intención de voto, seguido, por este orden, del PSOE, Podemos y Ciudadanos. En enero de este año, el partido de Rivera había adelantado al de Iglesias y se acercaba con brío al de Sánchez. El de Rajoy se mantenía en cabeza, pero perdía terreno. En abril, Ciudadanos ya había dejado atrás al PSOE y amenazaba con arrebatar el liderazgo al PP, que seguía su caída.

Febril trepidación

Hoy, tres meses, una moción de censura y un cambio de Gobierno después, el partido de Sánchez rebota en intención de voto y se dispara a la primera posición, a mucha distancia de sus inmediatos seguidores, el de Casado y el de Rivera, que empatan en el segundo puesto.

Con la secuencia del CIS en la mano, y vista la febril trepidación de la opinión pública, a Sánchez le va a resultar invencible la tentación de adelantar las elecciones antes de que la precariedad parlamentaria del PSOE marchite su propuesta. En el Congreso necesita el apoyo del PDECat, pero ya ha quedado claro que no podrá contar con él. Puigdemont, nuevo amo de la organización posconvergente tras haber pasado por la quilla a Pascal, vivía mejor contra el PP. Un gobierno progresista en España no le conviene a la fábula del 'expresident' y de su representante Torra sobre dictaduras coloniales, pueblos puros sometidos, crisis humanitarias y fascistas en dirección única.  

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