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INVESTIGACIÓN

Parques científicos y tecnológicos: tres décadas como motores de la metrópoli

Oriol Estela

Estos activos son y han sido esenciales para nuestro desarrollo en las últimas décadas

Si preguntáramos a pie de calle cuál ha sido el cambio más notable en Barcelona en los últimos 30 años, posiblemente obtendríamos una respuesta mayoritaria: la conversión de la ciudad en un destino turístico de primer orden. Ciertamente, las cifras así lo demuestran, y se trata de un hecho que ha tenido y tiene un gran impacto en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana.

De todos modos, ha habido otra transformación que ha tenido una gran repercusión sobre todos los ámbitos de la economía de la metrópoli y, más a largo plazo, sobre nuestro día a día. Una actividad que el año 1990 era prácticamente residual y que actualmente ocupa miles de personas de manera directa o indirecta. Una actividad en la que nos hemos posicionado a nivel internacional (5ª ciudad europea y 17ª del mundo el año 2015, según el Knowledge Cities Ranking) y en la que estamos en condiciones de hacer un salto tan importante como el que en su momento hicimos con el turismo. Se trata de la actividad de investigación científica y tecnológica.

POLO DE INVESTIGACIÓN

El año 1987, Barcelona ya era un destino turístico reconocido. En cambio, en ese momento no existía en nuestro territorio ningún espacio que concentrara actividades de investigación y promoviera su vínculo con el tejido productivo a gran escala. Fue entonces cuando la Generalitat de Catalunya y el Consorci Zona Franca constituyeron la Societat Parc Tecnològic del Vallès, S.A que impulsó el desarrollo de este parque en Cerdanyola. Hoy en día, junto a los espacios adyacentes del Parc de l’Alba (2010), que acoge una infraestructura de nivel mundial como el sincrotrón que le da nombre, y el Parc de Recerca de l’UAB, al otro lado de la B-30, constituye el núcleo de uno de los polos de investigación e innovación más importantes del sur de Europa.

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En la actualidad, contamos con cerca de una veintena de parques científicos y tecnológicos en el territorio de la región metropolitana de Barcelona, dentro del triángulo Maresme-Vallès-Garraf. La mayoría de ellos no llegan a los 15 años de vida, hecho que demuestra la vitalidad que ha existido en este ámbito incluso en los años de crisis.

Uno de los casos más significativos debido a la evolución experimentada es el Parc Científic de Barcelona, que el año pasado celebraba su 20º aniversario y que inauguró su primer centro de investigación, con más de 3.000 m2, en 1999. En dos décadas, este conglomerado de laboratorios, servicios científicos, oficinas e infraestructuras diversas se ha extendido hasta los 100.000 m2 y reúne y presta servicio a más de 110 instituciones y empresas del ámbito de la salud y la biotecnología que ocupan a cerca de 3.000 personas (de las cuales un 54% son mujeres). 

REFERENTES INTERNACIONALES

También es muy destacable la proliferación de instalaciones científicas y técnicas de referencia internacional. Al ya mencionado Sincrotró Alba hay que añadir la Sala Blanca del Institut de Microelectrònica de Barcelona (1991), el Canal d’Investigació y Experimentació Marítima (1993), el Institut de Ciències Fotòniques (2002), el Laboratori de Resonància Magnètica Nuclear (2002) o el Barcelona Supercomputing Centre (2005).

En este contexto, el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona, en los actos de celebración de su 30º aniversario de este otoño, rendirá homenaje al papel que han jugado los parques científicos y tecnológicos en el desarrollo de la metrópoli durante este periodo.

Sería de vital importancia que las estructuras científicas fueran conocidas y valoradas por la ciudadanía

De la misma manera que todo el mundo conoce la Rambla, las playas de Calella, el monasterio de Sant Cugat o el modernismo de Sitges, sería de vital importancia que infraestructuras de investigación como el Parc de Recerca Biomèdica, Tecnocampus, ESADE Creapolis o el Parc Mediterrani de la Tecnologia fueran más conocidas y valoradas por la ciudadanía. Quizá de esta manera la palabra ciencia aparecería en más campañas electorales, tal y como reclamaba en una reciente entrevista de la revista Metròpolis la directora del Sincrotró Alba, Caterina Biscari.

Se están dando ya algunos pasos relevantes: iniciativas recientes como el programa Barcelona Ciencia del Ayuntamiento de Barcelona, el plan STEMcat de la Generalitat o el BCN Science Corner de la Diputació de Barcelona, así como la tarea de acercamiento a la ciudadanía, y en particular a las escuelas, que hacen los mismos parques científicos y de investigación deberían contribuir a llevar estos activos esenciales para nuestro desarrollo al lugar central que se merecen en la opinión pública.

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