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EDITORIAL

La degradación de la Barceloneta

El incivismo y el turismo descontrolado ponen en riesgo la convivencia y la misma existencia del barrio

Turistas en bañador ante las tiendas, frente a un agente.

Turistas en bañador ante las tiendas, frente a un agente.

La Barceloneta sigue en su lucha contra el incivismo y la proliferación de actuaciones, muchas protagonizadas por un turismo descontrolado, que ponen en riesgo no solo la convivencia diaria sino la misma existencia tradicional de un barrio histórico y emblemático de Barcelona. En el 2014, la difusión de las imágenes de unos jóvenes desnudos saliendo de un supermercado fueron el detonante de la primera de las protestas ostensibles de los vecinos ('La Barceloneta diu prou!'), preocupados tanto por la pérdida de identidad de la zona como por el encarecimiento de los alquileres, pero más aun, si cabe, por la degradación cotidiana. El año pasado, con la toma simbólica de un trozo de playa, los residentes en la Barceloneta hicieron explícito de nuevo un grito de alerta y de indignación por una larga lista de agravios: desde el incivismo permanente al turismo de borrachera, pasando por la masificación de los servicios de transporte y la sensación generalizada de que el barrio se ha ido convirtiendo en una especie de parque temático de la diversión desmesurada. Fue una protesta que se truncó, inevitablemente, a raíz de los trágicos hechos del 17 de agosto.

Este verano, vuelven a la carga, con el reparto de folletos explicativos que simplemente abogan por la obviedad: no gritar ni orinar ni hacer las necesidades en plena calle; no dormir las borracheras en espacios públicos; no ensuciar el entorno. La asociación de vecinos se queja de la dejadez municipal, porque, aun a pesar de acciones concretas como una comisaría de barrio, más inspecciones y normativas de civismo, considera que la falta de recursos para luchar contra la evidente degradación es el principal problema al que se enfrentan. La asociación aboga por un plan integral de movilidad, un mayor énfasis en la vigilancia, la limpieza y la seguridad, y un combate efectivo contra toda la casuística que, en la Barceloneta, se percibe a simple vista: escatología, suciedad y, especialmente, la sensación de que este tipo de turismo invasivo entiende que todo vale, sin asumir ningún tipo de responsabilidad. 

Limpiar la imagen y el presente diario de la Barceloneta no es solo un deseo lógico, fundamentado y urgente de sus vecinos, sino una necesidad ciudadana que nos apela a todos para evitar que la degradación la convierta en el patio trasero de la capital.

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