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LA COMISIÓN BILATERAL GOBIERNO-GENERALITAT

Calor de pretemporada

José Luis Sastre

Al Gobierno le urge rebajar la temperatura, porque nadie sabe qué hay exactamente después del verano

Agosto ha traído la pretemporada y los equipos se han puesto a pelotear para estirar las piernas y ensayar el fútbol que les tocará, si de combinación o de ataque. La noticia no está en cómo acaban esos partidos, por lo general de ensayo y sin interés, sino en las sensaciones que dejen. Por eso había tan pocas expectativas en la comisión bilateral de este miércoles, la primera en siete años, porque el Gobierno y el Govern andan apenas peloteando, tratando de que cambie el marco antes de que arranque la temporada. El primer objetivo es ese, que cambie el marco y distenderlo, porque las cosas serán distintas en septiembre. Lo son ya, de hecho.

La victoria de Pablo Casado en el PP ha devuelto el eje ideológico a la política española, que se polariza otra vez. Ola de calor: Casado escora al PP a la derecha y Albert Rivera busca su espacio, ahora que ha dejado de liderar las encuestas. El tono político se crispa y ya no es solo por Catalunya, lo que supone una novedad y complica cualquier acuerdo. Lo veremos este jueves, en la reunión que tendrán Casado y Pedro Sánchez en la Moncloa. El PP explora un discurso más duro en inmigración y lo acompaña de fotos como la que fue Casado a hacerse a Ceuta y a Algeciras, estrechando las manos de varios migrantes rodeado de cámaras de televisión. "Yo también soy persona", dijo el nuevo líder del PP, empapado en un barril de demagogia, dispuesto a ensanchar por esa vía su base electoral.

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El Partido Popular cree que, si se tensiona, el escenario le favorece, de manera que combina la pulsión ideológica con la identitaria, que es la que Rivera no suelta. Así se obtiene el combo del verano: ideología, identidad y canícula. Agosto servirá de prueba para preparar el terreno sobre el que se jugará la temporada que viene, mezcla de crispación y electoralismo. De ahí el interés del Gobierno por acelerar los pasos con Catalunya, para visualizar que se puede el entendimiento aunque sea solo para aplazar los acuerdos tangibles. Hablemos ahora aunque no nos digamos nada, acordaron ayer Gobierno y Govern. Y luego ya veremos.

Las cosas serán distintas en septiembre, para cuando el Gobierno quiere aprobar la senda del déficit que sus propios socios le tumbaron y para cuando necesita los apoyos para su verdadera prueba de realidad, que serán los presupuestos. Por eso le urge rebajar la temperatura; enfriar el calor. Porque nadie sabe qué hay exactamente después del verano, si la Diada va a poner al soberanismo en la senda de Puigdemont, que reivindicará el aniverario del 1 de octubre, o en otra senda más pragmática. Del otoño se espera el juicio sobre el 'procés' en el Supremo y hay quien incluso apunta a un posible adelanto electoral en Catalunya, lo que alargaría la pretemporada. Quizá fuera eso, que la política pasaba los años haciendo rondos, como si siempre fuera verano. ¿Qué estrategia es posible si se viene más imprevisibilidad? Así de lejos y puede que generalizando mucho, se observan solo dos corrientes: polarizar o distender. El verano nos dará las pistas de lo que está por venir, mientras Gobierno y Govern se emplazan a seguir hablando y Casado avisa de que no parará en vacaciones. Combinación o ataque.

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