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ANÁLISIS

Derechos contra derechos

Josep-Francesc Valls

En vez de aprender de las 'apps', los taxistas optan por la autodefensa de una profesión que no se va a poder ejercer de la misma manera en el inmediato futuro

Vaya de entrada mi solidaridad con los taxistas en huelga, un derecho inalienable en una sociedad democrática. Tienen sus razones. Ahora bien, el modelo de ejercitar esta huelga choca contra otros derechos, tan inherentes a las personas como aquellos.

Aunque el reparto capitalista no se dirime en las mesas de negociación de los convenios colectivos, las huelgas y las amenazas resultan indispensables para alcanzar las conquistas laborales. Pero el taxi es un servicio público. Está regulado por el sector público, usa el espacio común y disfruta de infraestructuras que financiamos todos. Los clientes son quienes optan por este medio de transporte frente a otros. Por tanto, ejercer el derecho a la huelga, con servicios mínimos cubiertos y respetando el uso y disfrute de la ciudad a todo el mundo, sí. Pero crear indefensión entre los usuarios -habitantes y turistas que desean usar el servicio público-, generar violencia callejera, colapsar el centro de las ciudades, y perjudicar la imagen de la población, no. No pueden pesar más los derechos de los taxistas que los de los usuarios y ciudadanos.

Legislación lenta

La virulencia del sector del taxi se veía venir. La legislación siempre va mucho más lenta que los cambios tecnológicos. Ojalá que cuando comenzaban hace diez años a desarrollarse por todo el mundo las aplicaciones -'apps' como Uber, Cabify y otras muchas en 'start-ups' que vienen-, el sector público y los partidos políticos hubieran sensibilizado a la población de la bondad de las mismas y ayudado a crear entornos de aplicación al sector del taxi.

Se ha demonizado a las 'apps'. ¿Cómo podemos estar en contra de unas herramientas que mejoran las prestaciones, abaratan los servicios, crean nuevos puestos de trabajo que sustituirán, sin lugar a dudas, a muchos anteriores? El problema es que las administraciones timoratas, lentas de reflejos ante gran parte de las novedades, esconden la cabeza debajo del ala. Solamente reaccionan –si finalmente ocurre- cuando se producen graves conflictos como el actual.

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Miles de taxistas en pie de guerra. ¿Cómo no van a defender lo suyo? Pero les han hecho creer que las 'apps' son sus enemigos. Sus enemigos son las condiciones en las que les obligan a ejercer la profesión 10 o 12 horas al día: costes excesivos de licencia, de seguros, y de otro montón de gravámenes.  En vez de aprender de las 'apps', apropiarse de ellas para reconvertir su modelo de negocio -como han empezado a hacer algunos-, los taxistas optan por la autodefensa de una profesión que no se va a poder ejercer de la misma manera en el inmediato futuro.

Se requieren respuestas inmediatas: 1) al equilibrio de las licencias entre unos y a otros, a nivel autonómico y local, sabiendo que los clientes se están decantando muy rápidamente; 2) al abaratamiento de las licencias tradicionales, buscando una salida digna para aquellos que las han pagado carísimas; y 3) a la reducción del resto de cortapisas e impuestos que el leviatán aprieta a este tipo de negocios.

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