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CRISIS EN ORIENTE PRÓXIMO

Ahed Tamimi atiende a los periodistas tras salir de la cárcel, donde ha permanecido siete meses y dos semanas.

AFP / ABBAS MOMANI (AFP)

Los símbolos de la batalla

Rafael Vilasanjuan

Ahed Tamimi se ha convertido en un icono contra la ocupación más próximo a la lucha feminista que a los movimientos radicales islámicos

Con Ahed Tamimi liberada empieza el debate. El regreso a casa de esta activista, menor de edad, que desarma los esquemas que ciñen a los palestinos a un modelo étnico homogéneo, se ha convertido en una de las imágenes más contundentes de la ocupación. Con un perfil que encajaría en cualquier país europeo, su causa empatiza. Desprovista de cualquier símbolo religioso, su activismo contra la ocupación es más próximo a la lucha del feminismo contra la opresión que a los movimientos radicales islámicos, con los que Israel siempre ha tratado de justificar su violencia. Con su descaro y valentía se ha convertido en un icono, un símbolo de la batalla.

A pesar de ser menor de edad, Ahed Tamimi fue a prisión por sacar a dos soldados de su casa a patadas y con una bofetada. El vídeo que grabó su madre con un móvil -que también ha pagado con ocho meses de prisión- se hizo viral y con él la humillación de los sectores conservadores del ejército y el Gobierno israelí. Pero si su detención la convirtió ya en símbolo de la protesta de los jóvenes palestinos, en libertad Ahed podrá defender aún con mas razón la injusticia de mantener en prisiones israelís a casi 300 menores palestinas, víctimas de un combate desigual contra un ejército que, como en su caso, entra sistemáticamente en el interior de las viviendas y mantiene pueblos como el suyo sitiados. A diferencia de las imágenes de violencia en el conflicto palestino, la suya es una batalla contra la opresión y eso es algo que difícilmente puede justificar cualquier otra narrativa en la defensa de Israel.

Momento crítico

Su puesta en libertad llega además en un momento crítico entre la opinión pública tras la aprobación por el Gobierno ultraconservador de Binyamin Netanyahu de una ley supremacista que define a Israel como una nación judía. No es cuestión de poner en duda el derecho de los judíos al Estado de Israel y defenderlo frente a quienes lo ataquen o lo nieguen, pero de la misma manera que ha creado un Estado de apartheid en los territorios ocupados, esta nueva ley establece otro, de facto, dentro de las fronteras legalmente reconocidas, poniendo de manifiesto que entre un Estado democrático, en paz y judío, el Gobierno opta únicamente por esto último. Un Estado menos tolerante con las minorías, que afecta principalmente al reconocimiento de mas de un 20% de árabes que viven en Israel, pero que amenaza también los derechos de libertad de expresión y crítica a los sectores judíos mas alejados de la ortodoxia.

La sociedad israelí ha salido a la calle a protestar por la deriva autoritaria y figuras tan destacadas como Daniel Barenboim o Amos Oz ya han salido a los medios a denunciar que debilitando la democracia Israel pierde sentido. Son símbolos de una batalla olvidada donde la figura rebelde de Ahed Tamimi cobra relevancia entre los palestinos, porque devuelve el debate no a cuestionar la legitimidad del Estado de Israel, sino a la necesidad de poner fin a la ocupación y al apartheid para mantenerlo. 

Temas: Palestina Israel

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