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EDITORIAL

Mercadeo con los medios públicos

El descaro con que JxCat y ERC se han repartido los cargos en la Corporació solo tiene parangón con las últimas etapas del PP en RTVE

Los estudios centrales de TV-3 en Sant Joan Despí

Los estudios centrales de TV-3 en Sant Joan Despí / JOAN PUIG

Nadie con sentido común cuestiona que los medios públicos de la Generalitat de Catalunya, TV-3 y Catalunya Ràdio, han tenido un papel esencial en la recuperación de la lengua catalana y en la creación de una potente industria audiovisual. Los medios de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) no han sido ni la televisión antropológica que hubieran querido algunos ni un simple instrumento del poder político que quisieron otros, y en algunos momentos han logrado. Esta historia de éxito no se merece verse empañada por las desavenencias cada vez más evidentes entre los partidos y movimientos que forman el bloque independentista, mayoritario en el Parlament. Con escaso respeto por este servicio público, Junts per Catalunya (JxCat) y ERC se repartieron los cargos, incluyendo los responsables de informativos, dentro de las negociaciones de investidura. Un descaro que hizo recordar las últimas etapas del PP en RTVE o las formas de algunos partidos en los recientes cambios en la corporación pública española. Ni los trabajadores, ni la audiencia ni el conjunto de los ciudadanos se merecen este menoscabo de un servicio público esencial.

Ahora, JxCat bloquea que ese pacto por el cual los (mal avenidos) socios de Govern se repartieron el control de los medios públicos se cumpla, e impide de esta forma que ERC asuma el control de TV-3. Es difícil no ver en este episodio tan poco edificante la intención de JxCat de conservar las cuotas de poder que antes se administraron bajo las siglas de CiU o del PDECat. La resistencia de Quim Torra y Carles Puigdemont a cumplir este punto del pacto de gobierno con Esquerra revela su voluntad de intentar conservar el control de los medios públicos de comunicación aunque sea de manera precaria, rompiendo la confianza de sus socios parlamentarios, incumpliendo las propias leyes del Parlament y vetando a los legítimos representantes de los ciudadanos que velan por la pluralidad en estas empresas.

En política todo vale si se hace dentro de las reglas y las leyes democráticas, pero el menosprecio por las formas que revelan episodios como este alejan aún más a los votantes de la clase política y dañan unos medios públicos que son de todos y no deberían ser usados como una poderosa herramienta dentro de una estrategia partidista.

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