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Análisis

Barça, inquieto; Madrid, mutante

MIGUEL RUIZ

Barça, inquieto; Madrid, mutante

Antonio Bigatá

Los catalanes deben mejorar desde la contnuidad y los madrileños tienen el reto de construir un nuevo proyecto

En plenos preparativos de la próxima temporada tanto Barça como Real Madrid empiezan a rodar mientras intentan todavía fichar refuerzos y limpiar sus plantillas. Pero arrancan desde dos situaciones -ambas delicadas- muy diferentes. Mientras los madrileños prácticamente deben crear y organizar un nuevo equipo (pese a que conservan la mayoría de los titulares que ganaron la última Champions) porque han malvendido a Cristiano Ronaldo, su hombre decisivo, los catalanes tienen simplemente que hacer crecer el que ya tienen porque continúa Messi.

En el Madrid, que además estrena entrenador incógnita, Lopetegui, hay  desconcierto. ¿Por qué Florentino se ha sacado de encima a Cristiano? ¿Por qué con tantas prisas? ¿Por qué ni siquiera ha obtenido una cantidad de dinero más acorde con los precios del mercado? ¿Qué ha pasado? ¿Estaba seguro de que quitando ese tapón entrarían fácilmente en su frasco de los genios Neymar o Mbappé, y no le ha salido la jugada? ¿Conseguirá por lo menos a Hazard, el otro grandísimo jugador que desea, y salvará la cara (aunque amenazando de muerte a Isco, el niño bonito de la afición del Bernabeu, que juega a lo mismo que el belga y necesita idéntica libertad de movimientos)? Un bloque de granito encierra dentro, como en las películas de gánsters, la verdad de lo sucedido.

Por si no logra  contrataciones de impacto, Florentino predica que lo que busca son fichajes de futuro

Lo cierto es que el Real tiene a Modric, divinizado en el Mundial (del mismo modo que a Lopetegui, el padre putativo del fracaso español), y le admira, pero le parece poco. Floren, por si no logra contrataciones impactantes, tiene ahora la pétrea cara de predicar que lo que quiere son fichajes de futuro. Lo dice el resultadista de corto plazo más despiadado del universo que el verano pasado hizo ya unas adquisiciones jóvenes –Theo, Ceballos, Vallejo y compañía- que no le sirvieron para nada a Zidane. Los algo menos jóvenes pero más acreditados Asensio y Lucas Vázquez ahora van a estar apremiados no a madurar sino a ser inmediatamente grandes figuras o a morir. Y Sergio Ramos se jugará su bronco liderazgo con un año más en las piernas y toda Europa pendiente de su ya famosa manera de abordar con poca deportividad a los delanteros. Con esos hombres y los que aún puedan llegar, el Madrid tiene que hacer olvidar a Cristiano, el tipo que deja atrás a un equipo que sin él será diferente, un proyecto mutante respecto al que ha sido en los últimos años.

Mejorar desde la continuidad

Lo del Barça es diferente: a mejorar desde la continuidad. Campeón liguero con una superioridad bestial, la fragilidad mental consustancial a su entorno le hace partir con cierto espíritu deprimido porque aún no se ha repuesto psicológicamente de las últimas eliminaciones en la Champions. La continuidad de Messi, Coutinho, Busquets, Rakitic, Piqué, Suárez, Ter Stegen, Umtiti y Alba parecen poca cosa, mientras el miedo a la desorientación que pudo coger –como enfermedad— Messi en Rusia, la morriña por Iniesta, el desprecio que ha infligido Griezmann tras lo de Neymar, y la incertidumbre que genera Dembélé se magnifican, pese a que este año la apuesta es simplemente redondear, mejorar.

El amor y reconocimiento a Valverde no va acompañado de la confianza –que sería lógica-  en su perspicacia sobre los nombres que han bailado este verano: las llegadas de Malcom, Lenglet y Arthur, así como las idas y venidas respecto a Yerry Mina, De Jong, Willian y otros. Gusta sufrir, encanta generarse inseguridad, enamora criticar. Si algún día el Barça consigue traspasar a su entorno malhumorado y doliente al Real Madrid posiblemente matará dos pájaros de un tiro y ganaría las Champions que últimamente se escapan frente a adversarios que no son mejores que el equipo barcelonista.

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