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Las reflexiones de François Hollande

La inmigración pesa más que la economía

LEONARD BEARD

La inmigración pesa más que la economía

Joan Tapia

Grecia ha vuelto a los mercados, pero la UE no avanza en los mecanismos para encauzar el aflujo migratorio

François Hollande no pasará a la historia como un presidente de la estatura del general De Gaulle, o incluso de François Mitterrand, y es más un socialista melifluo y ampuloso que moderado o pragmático. Pero ha sido presidente de Francia en el momento álgido de la crisis (2012-2017) y acaba de publicar un libro, 'Les leçons du pouvoir', que es la reflexión sobre ella del presidente socialdemócrata del segundo país europeo.

La socialdemocracia no tiene ya la fuerza de hace dos o tres décadas porque las clases trabajadoras -su base social- pesan menos, porque la globalización hace que los viejos estados nacionales tengan menos poder y porque Europa sigue siendo un ovni (objeto volador no identificado) y está lejos de ser un estado federal.

Reforzar a las empresas

El libro de Hollande tiene muchos puntos de interés imposibles de resumir. Vamos a algunos. Es interesante la defensa que hace -alguien que para vencer a Sarkozy no dudó en calificarse de “adversario de las finanzas”- de la necesidad de reforzar a las empresas: “Debemos aligerar la carga que pesa sobre el aparato productivo restaurando los márgenes empresariales… No hay alternativa, para que haya empleo estable son necesarias empresas prósperas y sanas. Para distribuir, antes es preciso producir... Los derechos sociales no estarán garantizados si la economía no funciona”. No lo dice Rajoy, sino un expresidente socialista de Francia.  

La crisis migratoria es la causa principal de que el populismo gobierne en Italia y condiciona la política de Alemania y de muchos países europeos

Pero la clave del libro es que trata de las dos mayores crisis europeas con las que ha convivido. La del euro en sus momentos álgidos del 2012, cuando Italia y España sufren por la desconfianza de los mercados en su deuda pública, y del 2015, cuando Grecia está a punto de tener que salir de la moneda única. Y la segunda, la de la inmigración del 2015 que hace decir a Renzi, entonces primer ministro de izquierdas de Italia, que la situación en sus costas es insoportable y que a finales de verano fuerza a Merkel a acoger un gran aluvión de inmigrantes y refugiados -muchos de ellos huidos de Siria- y que tiene poco después serias consecuencias políticas en toda Europa con el ascenso de movimientos populistas en muchos países: Francia con Le Pen, Alemania con la AfD, Italia, Holanda, Austria…

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Hoy, tres años después, está solucionada o en vías de solución la crisis económica, que se empezó a encarrilar cuando el BCE -la única institución europea supranacional- compró deuda pública siguiendo lo dicho por Draghi en el 2012: “haremos todo lo necesario [el BCE] para que el euro siga”. Se vuelve a crecer, el empleo se recupera y Grecia ha vuelto a los mercados después de que Tsipras enterrara la demagogia izquierdista de Varoufakis y pactara un duro programa de ajuste con la famosa troika (la Comisión Europea, el FMI y el BCE). Hoy la economía todavía es una asignatura, pero no es ya la gran amenaza.

Por el contrario, sí lo sigue siendo la inmigración. Los mecanismos europeos para controlar, encuadrar e integrar la inmigración han progresado muy poco. Y el recelo o la intolerancia de los ciudadanos -muchas veces asociado al miedo a los ataques del terrorismo islámico- no se han reducido, sino incrementado. El populismo condiciona hoy desde fuera a la gran coalición alemana, desde dentro al Gobierno austriaco, tiene el Gobierno con Salvini en Italia y fue una seria amenaza en las presidenciales francesas.

Salvar el espacio Schengen

Y el problema sigue. El aflujo a Alemania ha bajado por el acuerdo con Turquía, también a Italia, en gran parte porque el Gobierno italiano ha olvidado todos los principios humanitarios, pero se está recrudeciendo en España. Y Europa sigue sin acordar y poner en marcha mecanismos para afrontar el problema y salvar el espacio Schengen.

Hollande concluye: “Europa está hoy en crisis grave por la cuestión identitaria. En algunos países [no concreta] aparecen reivindicaciones separatistas, la crisis no es económica, es política… hay que asegurar la protección de las fronteras y prevenir las amenazas terroristas…Europa tiene hoy más necesidad de un fondo europeo para su defensa y seguridad que de un fondo monetario para salvar el euro porque los tiempos han cambiado”.

A algunos el criterio de Hollande les resbalará. Dirán que es propio de un socialdemócrata de derechas, traidor a sus promesas y que por eso no se pudo ni presentar a la reelección. Quizá, pero los franceses no votaron a alguien más a la izquierda, a un socialista de los muchos de los que se le rebelaron,  sino a un centrista liberal, Emmanuel Macron, que disputó la segunda vuelta de las presidenciales a Marine Le Pen, la extrema derecha.  

  

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