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GEOMETRÍA VARIABLE

Un PP sacudido por las corrientes

Joan Tapia

Pablo Casado no logra que el sorayismo se acabe integrando en la dirección del partido

Pablo Casado repitió ayer eso tan extraño de que "el PP ha vuelto", cuando creíamos que hasta hace poco gobernaba España. Luego afirmo que no había corrientes internas porque todos eran compañeros y que no había habido negociaciones con Soraya Saénz de Santamaria.

Casado es demasiado joven para recordar aquello que se atribuye a Konrad Adenauer de que en política hay "enemigos, enemigos acérrimos y compañeros de partido". Pero es absurdo negar la existencia de corrientes. El PP que ha tenido primarias, renunciado por primera vez desde hace muchos años a la elección del líder por el dedo del jefe, sale de su congreso sin haber logrado un pacto consistente entre las corrientes que se han destapado.

A Casado le hubiera bastado leer 'El Mundo' de ayer para enterarse de que "Soraya voluntariamente o no representa la izquierda del partido". Y la realidad es que Soraya (que no sé si es la izquierda) ganó la votación entre los militantes y se ha negado a integrase en la nueva dirección, al igual que el nucleo duro de su candidatura, entre ellos José Luis Ayllon y Fátima Báñez con los que el equipo de Casado estuvo negociando todo el miércoles. Negar hoy -tras todo lo visto- que en el PP hay corrientes solo es confirmarlo. Y la primera, la de Soraya, ha optado por quedarse al margen. Quizás porque piensa que el liderazgo de Casado no es sólido y puede ser temporal. Que si al PP le van mal las próximas elecciones -municipales o legislativas- todo se puede replantear. Es pronto para afirmar que el PP está dividido, pero lo cierto es que hay corrientes enfrentadas y que su presidente lo niega.

Los seguidores de Cospedal

Pablo Casado sí ha integrado a los seguidores de Cospedal, de otros, e incluso a algunos (no muy representativos) de la lista de Soraya. Era necesario porque su victoria se debe al pacto de la derecha del PP (algo aznarista) y de un grupo que tenía prisa y exigía un relevo generacional (los casadistas) con todos los enemigos, agraviados y competidores de Soraya (los famosos compañeros de Adenauer).

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Pero ni el acto en Barcelona (repetición de tópicos) ni la nueva dirección indican ningún 'aggiornamento' sino mas bien un pacto mediocre de unos jóvenes con alguna nostalgia. Suena cansino respecto a las promesas (a verificar) del nuevo PSOE de Sánchez y hay cierta confusión con Cs.

Vamos a las personas. De García Egea, nuevo secretario general, solo se sabe que ha sido un eficaz jefe de campaña. Javier Maroto, el nuevo número tres, parece tener más empatía que su antecesor. Dolors Montserrat es la cuota catalana. Y de Cospedal, junto a Zoido, nuevo presidente del comité electoral, pero es poco conocida y no tiene las dotes teatrales de Rafael Hernando, veterano portavoz.

La etapa Casado empieza, pero no parece que vaya a acercar al PP (al que los electores juzgan demasiado a la derecha) del ciudadano medio. Y hay algo más. Soraya podía gustar más o menos, pero en ninguna rueda de prensa se encontraba -como ayer le pasó a Casado- con aviesas preguntas sobre su cualificación profesional.

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