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IDEAS

Rebeca, Ferran Adrià y yo, perdidos

Miqui Otero

Estoy atrapado en el aeropuerto de Asturias. El vuelo va con cinco horas de retraso. Entre los viajeros están Ferran Adrià y Rebeca ('Duro de pelar'). Y ahora es cuando mucha gente añadiría: abro hilo. 

Esto, que sucedió el pasado domingo, es totalmente cierto, aunque me gustaría aclarar que el cocinero y la cantante no viajaban juntos. Días antes había estado hablando de aviones con unos colegas. Compartí con ellos aquella vez que volé a Santiago y que, cuando el piloto dio la bienvenida a la capital gallega, miré por la ventana y el sol restallaba contra las alas. Raro. Media hora después, admitieron que en realidad habíamos tomado tierra en Sevilla. El piloto tuvo las narices de dar la siguiente explicación: "Las siglas de los dos aeropuertos se parecen". A veces es imposible que la verdad sea verosímil. 

Uno piensa en qué pasaría si el desenlace de algunos vuelos fuera el de 'Perdidos'

Uno piensa en qué pasaría si el desenlace de esos vuelos fuera el de 'Perdidos', ya que el avión de hace unos días depararía una gran serie o 'reality' de supervivencia. Adrià explica en su serie documental, reestrenada hace un par de semanas por Amazon, cómo empezó a buscar un mundo propio: decidió usar productos cercanos (galeras y pulpitos) y preparar su 'fumet' con agua de mar Mediterráneo. Lo imagino en nuestra serie cocinando para el pasaje, cenas que acabarían con Rebeca entonando el 'Duro de pelar' mientras intentáramos tronchar cocos para el postre.

El domingo nos dieron cena y visité una exposición que había en la terminal: Concurso de dibujo infantil 50 años contigo. Vi verosímil que nos hicieran esperar otros 50. Pero nadie perdió los nervios y Adrià atendió tan amablemente a un fan que me planteé descubrirle la milagrosa empanada de mi tía Maruxa, que llevaba en la bolsa. Pude abrir un hilo, pero abrí un manuscrito que estaba releyendo, justo por una página que hablaba de un tipo perdido en un restaurante de tres estrellas Michelin. Tomé un par de notas al margen. Cuando el avión aterrizó en el Prat, seguía fabulando con que lo hubiera hecho en una isla perdida. No sé qué sería de mis esperas si no pudiera jugar a imaginar finales alternativos para todo.

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