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CRISIS EN FRANCIA

¿Un Watergate en París?

José A. Sorolla

El 'caso Benalla' pone contra las cuerdas a Macron en un escándalo que va adquiriéndo mayores proporciones día a día

Jean-Luc Mélenchon, el líder de La Francia Insumisa, el partido más a la izquierda de la Asamblea Nacional, ha comparado el caso Benalla, que está poniendo en jaque a Emmanuel Macron, con el caso Watergate. Salvando las distancias –en Europa estamos acostumbrados a que algunos políticos descubran Watergates cada semana-, es cierto que ambos escándalos se parecen, sobre todo en que lo más importante no son los hechos de los que parten, en principio dos simples sucesos, sino la actuación posterior del poder, las mentiras y el encubrimiento.

Alexandre Benalla, un estrecho colaborador de Macron, se enfrenta el 1 de mayo a una pequeña manifestación de un centenar de jóvenes en la plaza de la Contrascarpe de París, sujeta a una muchacha y golpea después a un joven. Benalla lleva casco e identificaciones de policía, pero no es policía, sino adjunto al jefe de gabinete de Macron, de cuya seguridad se encargaba desde hacía tiempo. El ministro del Interior, Gérard Collomb, se entera al día siguiente de lo ocurrido, que ha sido filmado con teléfonos móviles, pero no informa a la fiscalía, sino al jefe de policía de París y al jefe de gabinete del presidente.

Mentiras descubiertas

El 3 de mayo, Benalla es convocado por su jefe inmediato y suspendido de empleo y sueldo 15 días. Pero nada se sabe del asunto hasta que Le Monde publica el vídeo y la información el 18 de julio, más de dos meses y medio después de los hechos. El día 19, Macron no dice ni palabra, solo que “la República es inalterable”. Ese mismo día, el portavoz del presidente asegura que Benalla había sido despojado de las funciones de seguridad y dedicado a tareas administrativas. Es una mentira más porque diversas fotografías muestran que Benalla estaba junto a Macron el 13 de julio en una visita a Giverny, el 14 de julio en el desfile de la Fiesta Nacional y el 16 de julio en el recibimiento a la selección ganadora del Mundial.

El día 20, además, se sabe que Benalla vivía desde el 9 de julio en un piso del Estado en el Quai Branly, en las mismas estancias donde François Mitterrand escondía a su amante Anne Pingeot y a su hija secreta, Mazarine. También disponía de chófer y coche oficial. Ese mismo día, el Elíseo despide a Benalla, que es detenido e imputado –junto a otro guardaespaldas a sueldo del partido de Macron y tres funcionarios policiales— por lesiones y usurpación de funciones por actuar como policía sin serlo.

Consecuencias políticas

Además, hay otras dos investigaciones abiertas, una parlamentaria y otra administrativa. En la comisión parlamentaria, el ministro del Interior, que puede ser el fusible que pague las consecuencias políticas, y el jefe de la policía han eludido, sin embargo, sus responsabilidades y han apuntado al Elíseo.

Macron, por el momento, calla, pero no tendrá más remedio que hacer frente a lo que en Francia se califica ya de “affaire de Estado” y que desnuda las características de un poder vertical y centralizado en el que el presidente que iba a cambiar el modo de gobernar está rodeado de fieles que, si no fuera por el papel de la prensa, gozarían de impunidad.    

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