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EL CONGRESO DEL PDECAT

Marta Pascal (derecha) presenta su renuncia en el congreso del PDECat de este sábado, junto a David Font y Montserrat Candini.

ACN / NAZARETO ROMERO

Convergència ha vuelto

Astrid Barrio

Quien osa desafiar al líder supremo es apartado, le pasó a Roca con Pujol y le ha pasado a Pascal con Puigdemont

Lo sucedido esta última semana parece confirmar que el PDECAT ha sido una anomalía en la trayectoria convergente que ahora vuelve a tener continuidad. Como mutación de CDC y consciente del lastre que suponía el original a causa de los escándalos de corrupción hizo todo lo posible por distanciarse de ella, empezando por el cambio nombre, pasando por una novedosa organización interna y por un inédito método selección de candidatos y acabando por el tipo liderazgo. En lo único que el PDECAT se siguió pareciendo a la vieja CDC fue en su indefinición ideológica porque más allá del paraguas del nacionalismo, ahora mutado en independentismo, el PDECAT seguía siendo un partido anfibio. En cambio distanciándose de CDC que siempre había aspirado a ser más el todo que una parte optó por autodenominarse partido. En vez de una organización interna centralizada y opaca se decantó,  tras haber puesto en marcha la iniciativa Torn Obert,  por un modelo de partido más participativo y transparente y en vez del método dactilar en la selección de candidatos se inclinó por elecciones primarias. Y alejándose del clásico liderazgo personalista adoptó una dirección colegiada y solo in extremis creó la figura unipersonal de la coordinadora general hasta el sábado ocupada por Marta Pascal.  

No obstante, la evolución del proceso independentista ha impedido al PDECAT desarrollarse tal y como había sido diseñado. El 1 de octubre, la declaración de independencia, la aplicación del artículo 155 y la huida de Puigdemont han dejado los cambios del PDECAT en papel mojado. La decisión de Puigdemont de presentarse a las elecciones y la constitución de Junts per Catalunya no permitió la puesta en marcha del nuevo proceso de selección de candidatos, aunque sí se ha venido aplicando para designar a los alcaldables a la espera de lo que pueda suceder.  La estocada final han sido la Crida Nacional per la República, la iniciativa de Puigdemont y su entorno por medio de la cual se pretende construir un movimiento nacional fagocitando al PDECAT y a todo lo que se pueda y el chantaje al que el 'expresident' ha sometido a Pascal amenazándola con romper el carnet del partido si esta mantenía su aspiración a seguir liderándolo. El resultado ha sido la rendición de Pascal y la aceptación a diluir el partido en el nuevo movimiento. Con ello se va lo todo lo que de novedoso tenía el PDECAT y resucita lo peor de la vieja Convergència:  una aspiración más movimentista que partidista, menos asamblearismo y más centralismo, de nuevo un líder monocrático y otra vez  un absoluto menosprecio al liderazgo femenino.   

Al igual que en la vieja Convergència en la nueva quien osa desafiar al líder supremo es apartado. Le pasó a Roca con Pujol y le ha pasado a Pascal con Puigdemont. Se da la circunstancia que en ambos casos el principal argumento esgrimido han sido las diferencias en cuanto a la implicación catalana en la política española. Puigdemont, muy reforzado tras la decisión de la justicia alemana de no extraditarlo por el delito de rebelión, no ha perdonado a Pascal que hiciera valer la autonomía del partido para contribuir a un cambio de aires en la política española que ha puesto en entredicho su estrategia de la confrontación. Y al igual que sucediera con Roca, Pascal parece no estar sola. La incógnita es hasta cuando y con que consecuencias.

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