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LIBERTAD CONDICIONAL

La traición de Meghan Markle

Ben Birchall

La traición de Meghan Markle

Lucía Etxebarria

Se me ha ocurrido hacer un experimento y teclear «Meghan Markle» en mi buscador de internet. Esto es lo que aparece: «Meghan Markle compite con Blake Lively», «Kate y Meghan compiten por ser la más elegante», «Meghan y Pippa Middelton compiten para copar el protagonismo de la prensa de su país», «Meghan Markle y Catalina compiten por el foco mediático».

Las 30 primeras entradas que aparecen sobre Meghan hablan de su ropa. Meghan Markle lució un vestido de Dior de 6.000 euros, un traje de Givenchy, un modelo de Emilia Wickstead, unos tacones de Aquazzura. Nunca, nunca, nunca jamás se dice la firma de los trajes o de los zapatos que lleva su marido, ni se habla de quién le corta el pelo o le rasura la barba.

Por lo tanto, la imagen con la que nos quedamos es la siguiente: a) la única función de Meghan Markle en la vida es la de hacer de escaparate andante de modelitos y b) Meghan Markle no debe de tener una puñetera amiga, porque compite con cualquier mujer que se le acerque, sea una actriz, su cuñada o la hermana de su cuñada. 

Conclusión: Qué pereza nos da Meghan Markle.

Pero, en primer lugar yo sé lo suficiente de cómo funcionan los medios como para saber que Meghan no se levanta pensando en competir con una actriz, con su cuñada, o con la hermana de su cuñada. Son los medios de comunicación los que crean unos titulares tan bochornosos como para alentarnos a las mujeres a competir entre nosotras por una cuestión tan estúpida como un vestido.

En segundo lugar, alucino con que Meghan se preste a hacer esto. A los 11 años Meghan Markle era ya famosa porque escribió una carta a un periódico quejándose de un anuncio de televisión de un jabón que ella consideraba sexista. Una televisión la entrevistó y, aunque entonces los vídeos no se viralizaban, la noticia tuvo mucha repercusión. Meghan fue a la Universidad, se graduó en comunicación y relaciones internacionales, fue becaria en la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, e incluso colaboró con las Naciones Unidas, para quienes dio un discurso que acabó con las palabras «estoy orgullosa de ser mujer y feminista».

¿Por qué la duquesa de Sussex se 
presta a hacer de florero andante? Ella, que fue a la Universidad y decía sentirse «orgullosa de ser mujer y feminista»

¿Por qué se presta entonces a hacer de florero andante?, me pregunto. Me dirán los lectores que no le queda otro remedio. Pero sí le queda. Su propia cuñada, por ejemplo, en cuanto cayó en la cuenta de que cada vez que le ponía a su hija un vestidito de marca el tal vestidito se agotaba en tiendas al día siguiente, y decidida a que su hija no se convirtiera en modelo infantil a su pesar, le viste a la cría siempre con variaciones sobre el mismo modelo de trajecito (azul bebé, cuello redondo, nido de abeja) hecho a medida, imposible de comprar en una tienda. 

Meghan podría hacer algo parecido: imitar a Ángela Merkel, que siempre lleva variaciones sobre el mismo modelo sensato de traje de chaqueta de tres botones en colores sobrios, pensados para dar la imagen seria que se espera de la canciller más poderosa del mundo, y precisamente para que no se hable de la marca de su ropa. Al fin y al cabo, sus roles protocolarios como representantes de Estado son los mismos. Si Meghan eligiera una opción precisa iría igual de guapa (porque ha nacido guapa) pero nadie comentaría lo que lleva puesto, de la misma manera que nadie comenta el traje de su marido, y así se situarían en una posición de igualdad.

Cuando la foto más reproducida del encuentro oficial de Letizia con Carla Bruni es una tomada desde detrás en la que  ambas suben unas escaleras y se comparan sus culos; cuando la noticia del de Letizia con Melania es si la una le plagió el modelo a la otra o viceversa, cuando del príncipe Enrique se comenta el contenido del discurso que dio en Irlanda y de Meghan sus modelitos, ¿cómo quieren que le convenza yo a mi hija de lo importante que es que siga estudiando, que no desista, que las matemáticas son más importantes que teñirse el pelo de morado? ¿Cómo no vamos a tener a un ejército de niñas y mujeres con trastornos de alimentación, inseguridades sobre su peso y su aspecto, depresiones y problemas?

¿De verdad nadie se da cuenta de lo absurdo que es que cada vez que Letizia va a un acto público sepamos la marca de vestido, zapatos, pendientes y anillo y nunca nos hayan dicho quién es el sastre, el zapatero, el corbatero o el joyero de Felipe?  Y eso que una encuesta que tradicionalmente realiza la revista 'Paris Match' sobre las casas reales europeas sitúa a nuestro Rey en el primer lugar de la lista. Pues eso, es absurdo. Y sexista. Y frívolo.

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