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Análisis

¿Qué club ha ganado el Mundial?

Antonio Bigatá

Con ocho titulares en las semifinales del campeonato, la plantilla del Tottenham ha destacado en Rusia

Al analizar las cuatro alineaciones titulares de las semifinales sobresalen dos datos evidentes: la superioridad total en número de futbolistas que juegan en la Premier y, dentro de eso, una mayoría clara de hombres del Tottenham (8), por encima del Manchester United (6), City (5) y Chelsea (5). ¿Qué significa eso? Que aunque del once que se adjudicó el Mundial únicamente pertenece a este club el guardameta Lloris, y pese a que cuantitativamente en la selección de Francia ganan tanto el Chelsea (con dos, Kanté y Giroud) como el Atlético de Madrid (con otros dos, Griezmann y Hernández), parece poco discutible que la mano de Pochettino y el fútbol del Tottenham son los que han estado más presentes en la fase final de la competición a través del estilo, la fuerza y la calidad de esos jugadores.

Si continuamos el ejercicio vemos más cosas llamativas. Únicamente uno de los 11 vencedores, Mbappé, juega en la liga de Francia. Eso viene a retratar tanto la debilidad de ese campeonato como el escaso valor objetivo del aplaudidísimo PSG, que solo ha logrado títulos en su propio país. Croacia incluso queda peor: ninguno de los 11 subcampeones trabaja en algún club de la nación.

Umtiti y Rakitic han salvado la cara del Barça tras la prematura caída de Messi, Coutinho y España

El Barça, con dos titulares y medio en las semifinales (UmtitiRakitic y Vermaelen), salva la cara pese a que las prematuras eliminaciones de Messi, Coutinho y Paulinho así como de todos los hombres de la selección española recortaron mucho sus posibilidades de sobresalir. El Madrid, con dos alineados en la final (Varane y Módric), tiene el mérito añadido de que ambos figuran unánimemente entre los mejores futbolistas del torneo. El azulgrana Dembélé, en cambio, ha desempeñado un papel deslucido. Seleccionado por Francia pero desaparecido poco a poco de las alineaciones por demérito propio, es un campeón del mundo poco brillante que recuerda al desgraciado astronauta del Apolo 11 Michael Collins, que llegó hasta la Luna pero no llegó a pisarla.

La Premier manda

Hay, pues, un balance claro: el Tottenham ha sido el mejor club del Mundial de selecciones. Asimismo ha sido brillante el papel de los dos equipos de  Manchester (aunque ningún hombre de Pep Guardiola llegó hasta la final pese al lucimiento de De Bruyne). Paradójico éxito del Chelsea, con cinco representantes en las semifinales y dos campeones del mundo (uno de ellos, Kanté, admirada pieza-clave en la consecución del título), tras demostrar en la Premier que Antonio Conte este año no sabía hacer jugar en conjunto a sus individualidades. La Premier, por otra parte, ha quedado entronizada como mejor liga del mundo, y con diferencia. Modric, Mbappé, Hazard y Griezmann, en el orden que quieran, han ascendido a la categoría de nuevos grandes reyes del mambo del balón en este tiempo de declive de Messi y Cristiano Ronaldo.

Han quedado convertidos en entrenadores de moda Roberto Martínez, de quien muchos creen que su Bélgica ha sido la ganadora moral de cuanto ha sucedido en Rusia, y el francés Deschamps. Salta al estrellato el preparador croata Dalic, un técnico interesante y a seguir. Y si se efectúa un ránking de técnicos hay un colista sin discusión: se llama Fernando Hierro y en la relación posibilidades/rendimiento real de su equipo ha superado para mal incluso a Joachim Löw, a quien se le ha podrido de vieja en las manos la siempre competitiva selección alemana. Merece respeto, en cambio, el inglés Southgate. Las grandes figuras de la Premier son extranjeras y muchas de ellas mandan en las selecciones que más han lucido en Rusia. A él le han quedado, para confeccionar la selección inglesa, los que podríamos llamar "los mejores grandes secundarios de su campeonato", y con ellos ha hecho un equipo nacional que promete tener un gran futuro. De todas maneras, regresando al tema de España, hay que salir del tópico de que Rusia es culpable y buscar en el propio ombligo del nacional-madridismo y del antibarcelonismo que se quiso imprimir a la selección las causas del fracaso.

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