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LA CLAVE

La coordinadora del PDECat, Marta Pascal, y la portavoz del partido, Maria Senserrich

FERRAN NADEU

Asesinato en el comité central 4.0

Albert Sáez

Era una broma recurrente en los años 90 del siglo pasado afirmar que el último partido leninista de Europa era la Convergència de Jordi Pujol. El líder nacionalista utilizaba sus mayorías absolutas para hacer y deshacer en su partido. Administraba magistralmente las disputas entre bolcheviques y mencheviques para acabar haciendo lo que le daba la gana, apoyado incondicionalmente por una militancia repleta de alcaldes y funcionarios que le debían el pan y la sal. Más tarde supimos que una parte de esa hegemonía también la debía a la oficina de recaudación que administraban la mujer y algunos de los hijos del líder. Esa manera de funcionar se ha ido desmontando lentamente. En el congreso del PDECat de este fin de semana aparecerán pocos rastros de ese mundo. Pero los partidos tienen su forma de funcionar que conforma su cultura organizacional. En la asamblea fundacional del PDECat, la dirección de la última Convergència perdió sistemáticamente todas las votaciones. De ahí nació el liderazgo provisional de Marta Pascal David Bonvehí que han compartido con el institucional de Carles Puigdemont que, en su momento, no quiso ser ni candidato a la reelección hasta que no marchó al exilio como ahora no ha querido presidir la organización.

Los perdedores de aquel conclave se han aliado ahora con los incondicionales de Puigdemont, al que le deben el pan y la sal: Quim Torra, Josep Costa, Laura Borràs, Eduard Pujol, Albert Batet,... Gente que reniega de los partidos pero que a la primera de cambio han entrado de lleno en las miserias de la vida partidista y se han confabulado con los asesinos políticos de Duran y de Mas para intentar cargarse a Pascal. Asesorados desde las columnas y la redes por viejos leninistas que conocen como nadie las técnicas para ganar congresos y perder elecciones. Puigdemont se dispone pues a secuestrar de nuevo a una militancia ansiosa de un líder mesiánico que gane en las urnas. Los alcaldes tendrán la última palabra en este congreso. Si piensan que un líder en el exilio les dará la mayoría absoluta en sus localidades, decapitarán a Pascal. Si prefieren un partido que les garantice una campaña en orden y un abanico de pactos postelectorales, la salvarán. Mucha república y pocos valores republicanos. 

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