Ir a contenido

El conflicto catalán

Una imagen de la manifestación por la libertad de los políticos presos, este sábado, en Barcelona.

ALBERT BERTRAN

El huevo de la serpiente

Joaquim Coll

El giro soberanista no llegó como respuesta a ninguna política de recentralización de Aznar, sin mayoría absoluta en 1998. Fue una estrategia deliberada, el huevo de la serpiente, que se ha convertido hoy en secesionismo duro

Santos Juliá en 'Transición. Historia de una política española (1937-2017)' reconstruye el largo proceso desde el final de la guerra civil y durante la dictadura por encontrar un camino de reconciliación que nos condujera a la democracia. El prestigioso historiador también examina la forma en la que el consenso forjado en 1978 se ha ido erosionando en las últimas décadas hasta la crisis actual. Por encima de los avatares políticos, dos elementos de fondo han contribuido a ello: la cuestión de la memoria histórica y el problema territorial. Sobre esto último, vale la pena recordar que esta semana pasada se han cumplido 20 años de la Declaración de Barcelona, firmada por CiU, PNV y BNG, en la que esas tres fuerzas nacionalistas renunciaron al término 'nacionalidades' –que Miquel Roca tan bien defendió en el debate constitucional- por el de naciones soberanas con derechos políticos. En 1998 los nacionalistas se convirtieron en soberanistas y empezaron a abjurar del modelo autonómico.

Dos años antes, CiU y PP habían firmado el pacto del Majestic, que supuso el traspaso de importantes competencias, la más destacada fue la de tráfico a los Mossos, la desaparición de los gobernadores civiles, y un nuevo modelo de financiación que se calificó de inmejorable. Así pues, el giro soberanista no se produjo como respuesta a ninguna política de recentralización de José María Aznar, que en 1998 no tenía mayoría absoluta. Al contrario, fue una estrategia deliberada, el huevo de la serpiente, que 20 años después se ha convertido en secesionismo duro. Es otro ejemplo que demuestra la falsedad de la pretendida culpa de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto en el inicio del 'procés'.

Tener esto en cuenta es importante para que Pedro Sánchez no ponga todos los huevos en la cesta de la distensión. Más le valdría reforzar una política de comunicación que, por ejemplo, hiciera de La 2 de RTVE en Sant Cugat un canal en catalán potente que compitiera con TV-3. Ciertamente, el problema de fondo es político y tal vez se resuelva votando. Pero de entrada es un problema de propaganda.